dimarts 11 de gener de 2011

John Barleycorn

“Cuando la fortuna les sonríe, beben. Cuando la buena suerte les da la espalda, beben con la esperanza de que vuelva a sonreírles. Y si al final resulta que la fortuna no fue tal, sino todo lo contrario, beben para olvidar. Si encuentran a un amigo, beben. Y si riñen con un camarada y pierden su amistad, también beben. Si sus amantes les son fieles, necesitan celebrar esa felicidad bebiendo. Si son engañados, o si pierden el cariño de ellas, beben no para celebrarlo sino para acabar con el sufrimiento ocasionado por la pérdida de tal amor. Y si no tienen nada, absolutamente nada que hacer, nada con lo que entretenerse, beben sabedores de que cuando se hayan metido unos cuantos tragos, una cantidad suficiente de tragos, mágicas visiones aparecerán en su mente y con ello podrán ocupar sus manos en lo que les venga en gana.”

Jack London. John Barleycorn

"Deuries beure més... no beus perquè després ell s’enfada? Francesos... deuries buscar-te un home finlandés, un home de Lapònia, un granger de rens, sí... ells sí que saben beure, el meu exmarit i jo ens bevíem una botella de vodka al dia, el meu novio d’ara m’ha portat 80%, vols 80%? Beus un got i t’ho neteja tot per dins, jo necessite beure, saps? per a oblidar-me de tot açò, estan tots locos ací, no vull viure més ací... tots locos, tots locos..."

“Dona’m una botella d’alcohol i el dilluns quan baixe al poble te’n compre una.” Intente explicar-li que no en tinc, li dic que no em queda alcohol en casa, només una botella de vi i un parell de cerveses,“bah, cervesa? jo? No, no... però jo sé que tens alcohol en casa, t’ho veig en els ulls, vull una botella d’alcohol pur, et promet que el dilluns te’n compre una”. Confesse que al congelador em queda una botelleta amb un licor suís que ens regalaren, però ella diu “bah, això de pera? jo? No, no... se m’ha acabat l’alcohol 80% que em portà el meu novio, no tens res?” Té cinquanta anys, cambrera de tota la vida i ahir deixà la feina. Ara, diu, me’n vaig a Tampere. Ha viscut sempre en Lapònia però fa uns mesos es va fer un novio de Tampere i diu que ara vol ciutat. I ahir va deixar la feina, i dijous se n’anirà i per això des d’ahir fins al dijous vaig en un núvol de Koskenkorva. Perquè s’hem de despedir.

Vesprades a casa front al televisor, ell deia “normal life, normal life” mirant vídeos de nits en el bar que tenia en Alemanya o culs de xicones del Carib, tornava a omplir-se el got de vodka, havia de compartir cabanya amb una dona finlandesa a punt de jubilar-se que ni parla anglés ni alemà ni res i que un dia el trobà amb un cigarret encés borratxo perdut dormint damunt del sofà i intentà despertar-lo i ell comença a xillar i xillar i xillar i ella anà a buscar a l’altra finlandesa que treballa al lodge però que des d’ahir ja no treballa i aquella estava també borratxa a la seua cabanya i borratxa perduda anà i Frank deia “VAIG A MATAR A TOTS ELS FINLANDESOS!!! VAIG A MATAR A TOTS ELS FINLANDESOS!!!”

“No m’agrada que vages a beure amb Teija, un dia et trobaré congelada per ahi perquè t’hauràs caigut tornant a casa... no m’agrada que els gossos et vegen quan beus... no m’agrada que hi haja alcohol a casa, no hi haurà més alcohol a casa d’ara en avant, res de res... Una botella de vi de quan en quan, alguna cervesa si vols... però res més, tens alguna botella amagada? Segur que tens alguna botella amagada... preguntaré si beus mentre jo no estic ací... Borratxos, tots són uns borratxos, és contagiós, donen pena, donen pena tots...”

Ell buscava altra cabanya, però va acabar en la d’uns clients. Cridava a la porta xillant... anava en calçotets però la panxa li’ls tapava. Li havien desaparegut cinc botellins de whisky, sabia qui li’ls havia furtat,. És que no es pot viure ací sense cotxe amb que baixar al poble a comprar més alcohol... és que no es pot, em diu la que li va furtar el whisky, no es pot viure ací sense alcohol. Ja ho voràs, ja.

Altra companya ha decidit que quan acabe la temporada d’hivern se’n va. “Torne a Alemanya”. Va vindre ací per córrer, pels gossos, quan en tenia vint-i-nou anys. No puc més, diu.
- Tinc trenta-vuit anys, quatre gossos que estan massa vells, dos gats, tres avorts i un ex amb cirrosi.

L’espiral del Koskenkorva i el fred i l’obscuritat i la tristesa inherent a estes terres. Es parla molt de l’alt consum d’alcohol al nord, però cal estar ací per a entendre-ho. Tinc una història de vòmits i gots trencats de cadascun dels dies, baralles amb ganivets i destrals, punyades i abraçades després, un rosari de cares arrasades per la ressaca cada matí des de que vaig aplegar. Les vesprades quan faig el camí que porta des de les gosseres fins al meu bosc, veig a les cabanyes llums enceses, i darrere hi ha les vides que el temps ha desfet i a les que només el 80% esborra la memòria. Al remat, tots estem ací per a oblidar.





“Cuando la fortuna les sonríe, beben. Cuando la buena suerte les da la espalda, beben con la esperanza de que vuelva a sonreírles. Y si al final resulta que la fortuna no fue tal, sino todo lo contrario, beben para olvidar. Si encuentran a un amigo, beben. Y si riñen con un camarada y pierden su amistad, también beben. Si sus amantes les son fieles, necesitan celebrar esa felicidad bebiendo. Si son engañados, o si pierden el cariño de ellas, beben no para celebrarlo sino para acabar con el sufrimiento ocasionado por la pérdida de tal amor. Y si no tienen nada, absolutamente nada que hacer, nada con lo que entretenerse, beben sabedores de que cuando se hayan metido unos cuantos tragos, una cantidad suficiente de tragos, mágicas visiones aparecerán en su mente y con ello podrán ocupar sus manos en lo que les venga en gana.”

Jack London. John Barleycorn

"Deberías beber más... ¿no bebes porque después él se enfada? Franceses... deberías buscarte un hombre finlandés, un hombre de Laponia, un granjero de renos, sí... ellos sí que saben beber, mi exmarido y yo nos bebíamos una botella de vodka al día, mi novio de ahora me ha traído 80%, ¿quieres 80%? Bebes un vaso y te lo limpia todo por dentro, yo necesito beber ¿sabes? para olvidarme de todo esto, están todos locos aquí, no quiero vivir más aquí... todos locos, todos locos..."

“Dame una botella de alcohol y el lunes cuando baje al pueblo te compro una”. Intento explicarle que no tengo, le prometo que no me queda alcohol en casa, sólo una botella de vino y un par de cervezas, “bah, ¿cerveza? ¿yo? No, no... pero yo sé que tienes alcohol en casa, te lo veo en los ojos, quiero una botella de alcohol puro, te prometo que el lunes te compro una”. Confieso que en el congelador me queda una botellita con un licor suizo que nos regalaron, pero ella dice “bah, ¿eso de pera? ¿yo? No no... se me ha acabado el alcohol 80% que me trajo mi novio, ¿no tienes nada?”. Tiene cincuenta años, camarera toda su vida, y ayer dejó el trabajo. Ahora, dice, me voy a Tampere. Ha vivido siempre en Laponia pero hace unos meses se hizo un novio de Tampere y dice que ahora quiere ciudad. Y ayer dejó el trabajo, y el jueves se irá y por eso desde ayer hasta el jueves voy en una nube de Koskenkorva. Porque tenemos que despedirnos.

Tardes en casa frente al televisor, él decía “normal life, normal life” mirando videos de noches en el bar que tenía en Alemania o culos de chicas del Caribe, volvía a llenarse el vaso de vodka, tenía que compartir cabaña con una mujer finlandesa a punto de jubilarse que ni habla inglés ni alemán ni nada y que un día se lo encontró con un cigarrillo encendido borracho perdido durmiendo encima del sofá e intentó despertarlo y él empezó a chillar y chillar y chillar y ella fue a buscar a la otra finlandesa que trabaja en el lodge pero que desde ayer ya no trabaja y ella estaba también borracha en su cabaña y borracha perdida fue y Frank decía “¡¡¡VOY A MATAR A TODOS LOS FINLANDESES!!! ¡¡¡VOY A MATAR A TODOS LOS FINLANDESES!!!”

“No me gusta que vayas a beber con Teija, un día te encontraré congelada por ahí porque te habrás caído volviendo a casa... no me gusta que los perros te vean cuando bebes... no me gusta que haya alcohol en casa, no habrá más alcohol en casa de ahora en adelante, nada de nada... una botella de vino de vez en cuando, alguna cerveza si quieres... pero nada más, ¿tienes alguna botella escondida? Seguro que tienes alguna botella escondida... preguntaré si bebes mientras yo no estoy aquí... Borrachos, son todos unos borrachos, es contagioso, dan pena, dan pena todos...”

Él buscaba otra cabaña, pero acabó en la de unos clientes. Llamaba a la puerta chillando... iba en calzoncillos pero la barriga se los tapaba. Estábamos a treinta grados bajo cero, eran las tres de la mañana... Le habían desaparecido cinco botellines de whisky, sabía quién se los había quitado. Es que no se puede vivir aquí sin coche con el que bajar al pueblo a comprar más alcohol... es que no se puede, me dice la que le le quitó el whisky, no se puede vivir sin alcohol, ya lo verás, ya.

Otra compañera ha decidido que cuando acabe la temporada de invierno se va. Vuelvo a Alemania. Vino aquí por correr, por los perros, cuando tenía veintinueve años. No puedo más, dice.
- Tengo treinta y ocho años, cuatro perros demasiado viejos, dos gatos, tres abortos y un ex con cirrosis.

La espiral del Koskenkorva y el frío y la oscuridad y la tristeza inherente a estas tierras. Se habla mucho del elevado consumo de alcohol en el norte, pero hay que estar aquí para entenderlo. Tengo una historia de vómitos y vasos rotos para cada uno de los días, peleas con cuchillos y hachas, puñetazos y abrazos después, un rosario de caras arrasadas por la resaca cada mañana cuando me levanto desde que llegué. Las tardes en que hago el camino que lleva desde las jaulas de los perros hasta mi bosque, veo en las cabañas luces encendidas, y detrás están las vidas que el tiempo ha deshecho y a las que sólo el 80% borra la memoria. Al final, todos estamos aquí para olvidar.

7 comentaris:

a roja ha dit...

jodo!!!

olvidar???

Mirar hacia atrás sólo para cerrar los asuntos pendientes es el único modo en que el pasado puede realmente pasar.

Dejar ir lo que ya no es, cerrar lo inconcluso es comenzar a hacer espacio para lo Nuevo.

El tiempo más valioso es el: AHORA.

Estas entradas "wilderness" es que me ponen zen.

Cuídese mucho Comtessa.

Anònim ha dit...

Impressionant. Molt bé.

Francesc

Óscar García ha dit...

Beber amansa. Y muy a menudo necesitamos de esa calma.

Beber ralentiza el tiempo. Como si fuéramos inmortales, inmunes, como si nada nos pudiera pasar mientras embotamos nuestros sentidos.

Beber nos hace olvidar la miseria, nuestro futuro inexistente, porque, para el bebedor, sólo existe el aquí y ahora. Esa promesa de calor interior que nace en el estomago.

Clidice ha dit...

Hi ha llocs del món on només es pot fer això: beure, beure fins a caure, fins a tornar-te de suro per no sentir. I, si sobrevius i ho escrius, d'alguna cosa han servit.

mu ha dit...

No sé què ha passat, però després de dinar us havia fet un comentari la mar d'enginyós sobre això de beure i Finlàndia, i tota aquesta colla que us heu aplegat aquí dalt, que dic jo si heu anat tots de manera voluntària, que jo, en moto pròpia no hi vaig, que m'estimaria més que em llancessin als llops i acabar ja d'una vegada.
Sociòpata que és una. La wilderness aquesta està massa poblada!!
Però no me'n recordo de com ho feia anar tot plegat. En fi.

Ah, i que espero que esteu filmant tot això. En Lars von Trier ho faria.

wanderlust ha dit...

M'ha agradat molt el relat, malgrat tinc molts mals records de la "persona" bevedora.
Potser sí que a ell/a li serveix per oblidar, embotant-li els sentits, però els que estan al costat ho passen realment malament.
Oblidar? el què; al dia següent tot torna i més agre.

Lluís Bosch ha dit...

Suposo que vivim en una cultura que gira sobre l'alcohol, i que li deu gran part de la seva producció simbòlica. Aquesta és la visió tècnica o antropològica, i a la vida quotidiana tens els bars, que sempre funcionen: per a celebrar o per a oblidar els desastres.
La història de la cambrera m'ha fet imaginar escenes que podrien ser d'una peli del Jum Jarmusch.

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