dilluns 29 de novembre de 2010

Las cenizas del hierro


“- Sabino Arana nos enseñó el camino- dice ama.
- Bueno, vamos a ver si lo entiendo... ¿Quiere usted decir que Sabino Arana quería que fuéramos republicanos?- dice Román.
- Hijo, tú has acabado siendo un buen vasco, pero antes eras otra cosa. Nada tenemos contra los que vienen de fuera y acaban pidiendo el carné del Partido..., tú eres un buen ejemplo. Aunque es demasiado exigirles que sean vascos hasta el punto de comprender todo lo que ha de hacerse en tiempos difíciles –dice ama.
- Verdaderamente, no es sencillo de entender, doña Cristina, pues aquí me tiene usted ocultándome de nuestros nuevos amigos para salvar el pellejo. Y habrá que aconsejar a don Camilo que haga lo mismo –dice Román.
- Ese hombre no tiene nada que ver con nosotros, dejó de ser vasco hace mucho tiempo –dice ama.
- Pues a él y a mí esos rojos revolucionarios nos perseguirán por ser, según sus locas doctrinas, capitalistas explotadores..., de manera que ya tenemos algo en común –dice Román.
- ¡Los vascos nunca fuimos ni somos explotadores de nadie! Mis obreros me quieren, yo misma les puse un sindicato. Mis obreros nunca pensarán en revoluciones. ¿Al cabo de treinta años de gestor de todo lo mío aún no sabes que mis asuntos no tienen ni un solo punto en común con los de ese hombre que acabas de nombrar? Me desilusionas –dice ama.
- No, no es fácil de entender, doña Cristina. Ni desde el punto de vista del empresario ni desde el del vasco. Debe ser cosa de nacimiento.”


“Esa gente dice que la lengua vasca es el alma del vasco. ¡Trágico y peligroso! Vamos a ver: un pueblo usa una lengua sólo para entenderse. ¿Qué fue primero, la palabra eguzki o la idea de sol? La idea es lo primero, lo segundo, la palabra. El alma de un pueblo debe estar en el propio pueblo, no en la lengua que ha ido inventando, ni en una estatua de oro o plata. En la cárcel estuve con un vasco leído que hablaba de estas cosas, y como allí había tiempo para pensar, pues yo le daba vueltas a la cabeza y luego le decía: “Eh, quieto parao, eso de que el euskera...” y se me revolvía como un gato. Me decía que cada palabra, cada sílaba o letra del euskera era parte del alma vasca, que si el vasco cambiase de lengua cambiaría de manera de pensar, que mientras el euskera exista el euskera existirá Euskadi. Por eso se ponía tan melancólico al recordar la persecución de Franco a todo lo vasco, especialmente al euskera. Yo no entendía cómo los vascos pensaban eso de su idioma siendo tan amantes de la libertad.”


“No sé si todavía puedo ofrecerte pan con chocolate. Quiero decir que no sé...
La merienda de los niños. ¿A qué edad se deja de merendar pan con chocolate? ¿Quién lo decide?, ¿la madre?, ¿el niño? Ni siquiera a mi edad de entonces recordaba yo cómo ni en qué momento había ocurrido aquel destete.”


“- Han matado a uno de los anarquistas. Le torturaba la policía para que denunciara a sus compañeros y murió al negarse a dar nombres y direcciones. Yo también lo conocía, se llamaba Celedonio.
- ¿Era vasco? –preguntó Joseba.
- ¿Qué importa de dónde fuera?... No, era asturiano.
Joseba torció la boca.
- Son pocos y aún siguen luchando contra Franco –añadí-. Están solos, pero son de piedra. Los persiguen como a ratas y acabarán con todos. ¿Por qué son tan fuertes?
- O tan locos –dijo Perico Orejas-. Franco ganó y ahora su gentuza vigila hasta lo que cagamos.
- Así que asturiano, ¿eh? –dijo Petaca-. ¿Por qué hostias no se van a su tierra a hacer de Tom Mix? ¡Que no nos jodan!
- ¿Por qué se van a ir a su tierra si ellos son de todas las tierras?- exclamé-. Su revolución vale para todas las tierras.
- ¿Nos estás echando en cara que esos anarquistas tienen más cojones que nosotros? –profirió Petaca.
- No, se trata de otra clase de fuerza –dije.
- El bote, el bote –recordó Juanto, deslizando con la mano libre el estorbo del pulpo sobre la quilla hacia popa.
- Aún no lo tengo claro, pero pienso que ellos luchan por una libertad distinta –dije a media voz.
- Sólo hay una libertad y los únicos que saben cómo es son los que la han perdido, como nosotros –dijo Perico Orejas.
- ¡Vagancia gorda habéis traído hoy! –denunció Juanto.
- La libertad de la tierra vasca –respondí a Perico Orejas, él asintió y yo proseguí-: Ellos combatieron en muchas partes de España, sin importarles qué tierra era.
- ¡Gitanos! –despreció Petaca.
- No, no son gitanos. Buscan algo que vale para cualquier tierra... Bueno, sí, en cierto modo pueden llamarse gitanos: no tienen patria.
- ¿Cómo se puede vivir sin patria? –preguntó Joseba.
- Ellos dice que la persona está por encima de la patria.”


“- ¿Te crees anarquista porque te han contado cuatro jodidas mentiras y has leído cuatro jodidos libros? –lanzó Petaca.
- Todos somos anarquistas, unos sabiéndolo y otros no. Es más fácil de lo que pensáis. Somos anarquistas desde que nacemos. ¿Quién no sueña con ser libre?”


“Cuando los faros de los jeeps llegaron a los tamarises de la espalda de la playa, se alinearon, y los caños de luz convirtieron a Kresa en la criatura más desvalida del mundo. El silencio de la noche apenas fue alterado por los dum-dum de las metralletas. Cuando el rostro de don Manuel se abandonó a la gravedad de la tierra, esta vez no acabó su caída en la almohada de sus brazos cruzados sino en un tapiz de yerba y árgoma.
Entonces comprendí que me había estado pidiendo que dijese lo que él no se atrevía a pensar.
- Su patria no era la jodida Euskadi sino esta jodida playa, Arrigúnaga. Lo descubrió en plena galopada. ¡Quién sabe qué conmociones tocaron lo más profundo de su ser! Sintió que su patria era este humilde rincón del mundo al que tanto debía por haber recibido tanto de él. Antes, el mensaje se loo habían transmitido las voces de la tribu; ahora, nadie le habló. Se libró de las viejas ataduras. Y pienso que, en este segundo tramo de su carrera de liberación, ni una sola vez se le ocurrió llamar patria a esta playa que le formó y le permitió ser él mismo...
- Calla, blasfemo.
- ¿No me pidió usted que fueran mis palabras las que proclamaran todo esto?
- Sí, pero, ¿por qué no lo dices todo?
- ¿Todo?
- Sí, que Kresa, en las últimas horas, fue otro jodido anarquista como tú.”

Ramiro Pinilla. Las cenizas del hierro. Última part de la trilogia Verdes valles, colinas rojas.

dissabte 27 de novembre de 2010

La tauleta de nit

Els protagonistes últimament han sigut els tres toms de Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla, de qui pocs dies enrere vaig acabar amb la tercera part, sense massa entusiasme, clar que potser només era cansament després de les vora 3.000 pàgines. Continue, de totes maneres, recomanant-la. Una antologia amb vint-i-cinc poetes finesos, How to adress the fog, no deixa la tauleta: hi ha un poema d’Eva Kilpi que tortura des de que recentment el pas del temps es va fer evident com mai en un cos proper, For myself, I don’t care if I’m growing old-/ but how can I bear to see that my young lover/is starting to grow old?. El planeta de los estúpidos va per ací des de que es va publicar, només fullejat a ratos; ahir vaig anar a vore a Juantxo López de Uralde presentar el projecte Equo a Alacant. En una paraula: decebedor. Fullejat sense massa interés ha estat també Terra, de Vandana Shiva. Walden ha quedat baix de la resta de la muntanya; a la segona part de Verdes valles, colinas rojas, apareixien alguns fragments d’eixa obra de Thoreau de la que havien adoptat algunes idees els habitants del caserío Oiarzena i em vingueren ganes de repassar-lo, un repàs que es limità a tornar a llegir pàgines marcades anys enrere. Els Relats d’un navegant, de Joan Cabot, finiquitats fa dies ara esperen el trasllat al raconet que els pertoca junt a totes les pàgines que amb olor a mar he anat acumulant. Escalada, de Ludwig Hohl, està pendent des de que en Girbén parlà d’ell a Foravial, com pendents hi ha paquets per obrir plens de comandes fetes en les poques hores que passe a la casa i que només es poden suportar amb paper i lletres. Divendres passat posaren Master and Commander durant el viatge a Logronyo i em vingueren ganes de tornar a O’Brian però no el vaig trobar quan passat el cap de setmana vaig tornar. Per això dimecres vaig anar directa a buscar Capitán de mar y guerra en entrar a última hora a La Casa del Libro en València, a punt de que tancaren. També caigué el que remou tantes coses per dins ara, Diario de un lobo de Mariusz Wilk i les ganes nord i les ganes de Polònia amb Agnieszka esperant criatura. Pujar a la secció de poesia amb els minuts contats sense res en ment i que els ulls anaren directes a Wislawa Szymborska per a, hòstia!, al costat d’ella trobar un nom familiar. Editaet este any a Marginales de Tusquets estava Antonio Moreno, que va ser professor meu fa anys. Nombres del árbol, me’l vaig emportar. Anatomía de un instante ha desaparegut en alguna maleta encara no desfeta. No sé quan exactament vaig deixar a Hamsun, el paper d’un xiclet marca una pàgina cap al final, al principi de La última alegría, l’última de les tres novel•les que composen la Trilogía del vagabundo. Comença com espere que comence l’hivern, una volta més: Ahora he venido a vivir a los bosques. El Kalevala m'acompanya cada volta que vaig al bany.



Los protagonistas últimamente han sido los tres tomos de Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla, de quien pocos días atrás acabé con la tercera parte, sin demasiado entusiasmo, claro que quizá sólo fue cansancio después de las cerca de 3.000 páginas. Continúo, de todas maneras, recomendándola. Una antología con veinticinco poetas finlandeses, How to adress the fog, no deja la mesita: hay un poema de Eva Kilpi que tortura desde que recientemente el paso del tiempo se hizo evidente como nunca en un cuerpo cercano, For myself, I don’t care if I’m growing old-/but how can I bear to see that my young lover/is starting to grow old?. El planeta de los estúpidos va por aquí desde que se publicó, sólo hojeado a ratos; ayer fui a ver a Juantxo López de Uralde presentar el proyecto Equo en Alicante. En una palabra: decepcionante. Hojeando sin demasiado interés ha estado también Tierra, de Vandana Shiva. Walden ha quedado bajo el resto de la montaña; en la segunda parte de Verdes valles, colinas rojas, aparecen algunos fragmentos de esa obra de Thoreau de la que habían adoptado algunas ideas los habitantes del caserío Oiarzena y me vinieron ganas de repasarlo, un repaso que se limitó a volver a leer las páginas marcadas años atrás. Los Relats d’un navegant, de Joan Cabot, finiquitados hace días ahora esperan el traslado al rinconcito que les toca junto a las páginas que con olor a mar he ido acumulando. Escalada, de Ludwig Hohl, está pendiente desde que en Girbén habló de él en Foravial, como pendientes hay paquetes por abrir llenos de encargos hechos en las pocas horas que paso en la casa y que sólo se pueden aguantar con papel y libros. El viernes pasado pusieron Master and Commander durante el viaje a Logroño y me vinieron ganas de volver a O’Brian pero no lo encontré cuando pasado el fin de semana volví. Por eso el miércoles fui directa a buscar Capitán de mar y guerra al entrar a última hora a La Casa del Libro en Valencia, a punto de que cerraran. También cayó el que remueve tantas cosas por dentro ahora, Diario de un lobo de Mariusz Wilk y las ganas de norte y las ganas de Polonia con Agnieszka esperando criatura. Subir a la sección de poesía con los minutos contados sin nada en mente y que los ojos fueran directos a Wislawa Szymborska para, ¡hostia!, al lado de ella encontrar un nombre familiar. Editado este mismo año en Marginales de Tusquets estaba Antonio Moreno, que fue profesor mío hace años. Nombres del árbol, me lo llevé. Anatomía de un instante ha desaparecido en alguna maleta aún no deshecha. No sé cuándo exactamente dejé a Hamsun, el papel de un chicle marca una página hacia el final, al principio de La última alegría, la última de las tres novelas que forman la Trilogía del vagabundo. Comienza como espero que empiece el invierno, una vez más: Ahora he venido a vivir a los bosques. El Kalevala me acompaña cada vez que voy al baño.

dilluns 22 de novembre de 2010

La gente va al psiquiatra, Iñaki viene a la pelota

M’agrada la pilota. M’agrada la pilota i no anar a caçar grills amb escopeta o pintar morts en les parets amb xocolate o pujar serres anant a gates vestida de gamba; vull dir, no em sembla una afició tan complicada d’entendre i a pesar d’això encara em costa donar de quan en quan explicacions a més d’un i més d’una, i el pitjor no és que siguen persones completament alienes a l’esport –en eixe cas, ho podria aplegar a entendre-, sinó que encara que no hagen estat d’una u altra manera vinculades a ell, han vist jugar al seu entorn des de que van nàixer. Que si als trinquets o als frontons només van vells a jugar-se el jornal, que és un esport de poble i massa valencià –fallero concretament em digué un amic una volta, un esport fallero, fallero en el to més despectiu en que pot pronunciar-se fallero-, que és simple i avorrit; tòpics, tots, que podria desmuntar un per un amb facilitat, però que caurien a la volta i sense necessitat de paraules assistint a una vesprada com la d’ahir al frontó Adarraga de Logronyo.

Titín III pergué contra el francés Sebas Gonzalez en un partit emocionant dels que et mantenen en tensió des de l’inici –Titín va posar el marcador 8-0 només començar-, en un frontó que tot i no estar ple tremolava amb cada bon colp de les mans del de Tricio, Augusto Ibáñez Sacristán, que és ja, als seus 41 anys, una llegenda.

(I els gintònics, i el fum, i els corredors de jaquetes verdes, i Zubieta al partit d’abans –quin home, senyor, quin home-, i els crits del públic... un circ romà fet de dos parets i gladiadors vestits de roig i blau. Ho va dir ben clar un dels xicons que teníem sentats davant, sobre el seu amic, d’ahí el títol d’este post).





Me gusta la pelota. Me gusta la pelota y no ir a cazar grillos con escopeta o pintar muertos en las paredes con chocolate o subir montañas a gatas vestida de gamba; quiero decir, no me parece una afición tan complicada de entender y a pesar de eso aún me cuesta dar explicaciones a más de uno y más de una, y lo peor no es que sean personas completamente ajenas a este deporte –en ese caso, lo podría llegar a entender-, sino que aunque no hayan estado de una u otra manera vinculadas a él, han visto jugar en su entorno desde que nacieron. Que si a los trinquetes o a los frontones sólo van viejos a jugarse el jornal, que es un deporte de pueblo y demasiado valenciano –fallero concretamente me dijo un amigo una vez, un deporte fallero, fallero en el tono más despectivo en que puede pronunciarse fallero-, que es simple y aburrido; tópicos, todos, que podría desmontar uno por uno con facilidad, pero que caerían a la vez y sin necesidad de palabras asistiendo a una tarde como la de ayer en el frontón Adarraga de Logroño.

Titín III perdió contra el francés Sebas Gonzalez en un emocionante partido de los que te mantienen en tensión desde el principio –Titín puso el marcador 8-0 nada más empezar, en un frontón que aun sin estar lleno temblaba con cada golpe de las manos del de Tricio, Augusto Ibáñez Sacristán, que ya es, a sus 41 años, una leyenda.

(Y los gintónics, y el humo, y los corredores de chaquetas verdes, y Zubieta en el partido de antes –qué hombre, señor, qué hombre-, y los gritos del público... un circo romano hecho de dos paredes y gladiadores vestidos de rojo y azul. Lo dijo bien claro uno de los tipos que teníamos sentados delante, sobre su amigo; de ahí el título de este post).

dijous 18 de novembre de 2010

Vaja on vaja, pilota!

A l’illa de La Palma no es juga a pilota. D’haver tingut alguns dies després d’acabar el voluntariat amb SEO, m’haguera agradat acostar-me cap a Lanzarote, l’illa on major implantació tingué quan va aplegar, i l’única on encara es continua, de manera molt minoritària, jugant, encara que a totes les altres hi hagué en algun moment de la història gent que jugava. De fet, a Las Palmas de Gran Canaria encara hi ha un carrer dit de la Pelota, i al Nomenclátor de Carrers i Places de Las Palmas diu “Llámase así en virtud a un juego que se practicaba en ella”. Em queda pendent eixa visita, com me’n queden pendents tantes a tants llocs on les mans de la gent arreu de tot el món mantenen viu aquest ancestral esport en els carrers i places dels seus pobles; llàstima que una vida no siga suficient.

L’arribada de la pilota a les Canàries data del moment posterior a la conquesta castellana, donant-se per segur que els habitants aborígens no jugaven. Una vegada més, són els fluxos migratoris els que han contribuït a l’extensió del joc, com ocorregué en Amèrica o Filipines amb la immigració basca dels segles XIX i XX. Als llocs d’Amèrica del Sud on la pilota perviu hui en dia i té una gran afició, existien antecedents de jocs similars en temps dels maies i els asteques i els inques i tots aquells (m’agrada pensar que si l’afició quallà tant en aquelles terres és perquè hi havia ja certa predisposició en la sang des de feia segles, encara que hagueren deixat de practicar el joc), però a Canàries, com ja he dit, no s’ha trobat cap evidència anterior a l’arribada dels castellans, mentre que altres jocs i esports tradicionals aborígens (la lluita canària, el palo...) sí apareixen a les cròniques. Imagine mariners bascos, bons navegants, embarcats a les naus espanyoles a la conquesta de noves terres, desembarcant àvids després de la llarga travessia, disputant partides a qui sap quin port que els acolliria.

Es jugava en acabar les feines de la terra o les de la mar, i cobrava un protagonisme especial els dies de festa, on jugadors i públic es desplaçaven a peu i en burro pels camins des del seu poble fins a aquell on tinguera lloc la partida, en una imatge que perfectament li puc haver sentit contar a m’auelo ací. No faltava tampoc un reconstituent que prenien els jugadors en el descansos, que haguera posat ben interessant la partida d’ahir del Circuit Bancaixa a Guadassuar: aigua, rom, sucre, canella i llima deixat macerar durant dos o tres dies. Tristament, d’aquells temps de bona salut de la pilota insular ja no queda res, i encara gràcies que a Lanzarote hi ha intents de recuperació que a la resta d’illes són, actualment, impensables.

El reglament és prou diferent, la pilota és diferent, el lloc on es juga és diferent, el número habitual de jugadors són cinc per equip... són molts els canvis introduïts en la que devia ser la manera original de jugar, si l’origen és la pilota basca. Però tot açò ho preferiria en altre post, a escriure en un futur qui sap si llunyà o pròxim en el que puga vore en viu una partida de pilota a Lanzarote.

Abans d’acabar, voldria deixar-los un fragment d’un llibret que edità el Centro de la Cultura Popular Canaria fa quinze anys sobre jocs tradicionals canaris, i que en el xicotet apartat que dedica a la pilota diu:

La mujer y la pelotamano

Ésta ha tenido su papel en el desarrollo del juego de pelotamano de una manera pasiva. Aunque no practicaban el juego, sí sufrían las consecuencias del juego. De tal forma que más de una esposa esperaba pacientemente la llegada de su marido, que podía ser durante la noche o como algunos, solían hacer, estar fuera los días que durara la fiesta. La novia también perdía muchas tardes de estar con la persona amada, debido a la detención del novio para disputar una partida de pelota.

Com veuen, les coses tampoc són tan diferents. I amb açò, els dic adéu fins a la setmana que ve. Me’n vaig a passar el cap de setmana a la Vall d’Ocón, a La Rioja, i remataré diumenge amb partida al Adarraga (juga Titín III!) i posterior tapeig per La Laurel de Logroño. No em queixe, no.

Frontó de San Román de Cameros, La Rioja. Gener 2010

En la isla de La Palma no se juega a pelota. De haber tenido algunos días después de acabar el voluntariado con SEO, me hubiera gustado acercarme hacia Lanzarote, la isla donde mayor implantación tuvo cuando llegó, y la única en la que todavía se continúa, de manera muy minoritaria, jugando, aunque en todas las otras hubo en algún momento de la historia gente que jugó. De hecho, en Las Palmas de Gran Canaria todavía hay una calle llamada de la Pelota, y el Nomenclátor de Calles y Plazas de Las Plamas dice “Llámase así en virtud a un juego que se practicaba en ella”. Me queda, pues, pendiente esa visita, como me quedan pendientes tantas a tantos sitios donde las manos de la gente en todo el mundo mantienen vivo este ancestral deporte en las calles y plazas de sus pueblos; lástima que una vida no sea suficiente.

La llegada de la pelota a las Canarias data del momento posterior a la conquista castellana, dándose por seguro que los aborígenes no jugaban. Una vez más, son los flujos migratorios los que han contribuido a la extensión del juego, como ocurrió en América o Filipinas con la inmigración vasca de los siglos XIX y XX. En los lugares de América del Sur donde la pelota pervive hoy día y goza de una gran afición, existían antecedentes de juegos similares en tiempos de los mayas y los aztecas y los incas y todos aquellos (me gusta pensar que si la afición cuajó tanto en aquellas tierras es porque había ya cierta predisposición en la sangre desde hacia siglos, aunque hubieran dejado de practicar el juego), pero en Canarias, como ya he dicho, no se ha encontrado ninguna evidencia anterior a la llegada de los castellanos, mientras otros juegos y deportes tradicionales aborígenes (la lucha canaria, el palo...) sí aparecen en las crónicas. Imagino marineros vascos, buenos navegantes, embarcados en las naves españolas a la conquista de nuevas tierras, desembarcando ávidos después de la larga travesía, disputando partidas en quién sabe qué puerto les acogiera.

Se jugaba al acabar los trabajos del campo o de la mar, y cobraba un protagonismo especial los días de fiesta, cuando jugadores y público se desplazaban a pie y en burro por los caminos desde su pueblo hasta aquel en el que tuviera lugar una partida, en una imagen que perfectamente le puedo haber oído contar a mi abuelo aquí. No faltaba tampoco un reconstituyente que tomaban los jugadores en los descansos, y que hubiera puesto bien interesante la partida de ayer del Circuit Bancaixa en Guadassuar: agua, ron, azúcar, canela y limón dejados macerar durante dos o tres días. Tristemente, de aquellos tiempos de buena salud de la pelota insular ya no queda nada, y aún gracias que en Lanzarote hay intentos de recuperación que en el resto de islas son, actualmente, impensables.

El reglamento es bastante diferente, la pelota es diferente, el lugar donde se juega es diferente, el número habitual de jugadores son cinco por equipo... son muchos los cambios introducidos en la que debía ser la manera original de jugar, si el origen es la pelota vasca. Pero todo eso lo preferiría en otro post, a escribir en un futuro quién sabe si lejano o próximo, en el que pueda ver en vivo una partida de pelota en Lanzarote.

Antes de acabar, quisiera dejarles un fragmento de un librito que editó el Centro de la Cultura Popular Canaria hace quince años sobre juegos tradicionales, y que en el pequeño apartado que dedica a la pelota dice:

La mujer y la pelotamano

Ésta ha tenido su papel en el desarrollo del juego de pelotamano de una manera pasiva. Aunque no practicaban el juego, sí sufrían las consecuencias del juego. De tal forma que más de una esposa esperaba pacientemente la llegada de su marido, que podía ser durante la noche o como algunos, solían hacer, estar fuera los días que durara la fiesta. La novia también perdía muchas tardes de estar con la persona amada, debido a la detención del novio para disputar una partida de pelota.

Como ven, las cosas tampoco son tan diferentes. Y con esto, adiós hasta la semana que viene. Me voy a pasar el fin de semana al Valle de Ocón, en La Rioja, y remataré el domingo con una partida en el Adarraga (¡juega Titín III!) y posterior tapeo por La Laurel de Logroño. No me quejo, no.

dimecres 17 de novembre de 2010

Casa Demetrio (més de La Palma)

La laurisilva. La part més verda de l’illa verda. L’humida frondositat dels barrancs. Plovia. El verd, el verd, el verd mirares on mirares. Una selva, un cartell –Casa Demetrio-, un bar. L’obligat barraquito, la conversa –com plou-, un plat de cigrons i vi per a l’única taula ocupada –quatre vells-, ranxeres sonant. Són les onze del matí i no m’importen les plantes del sender que devia estar patejant-me, la llar està encesa i una olor de llenya i guisat de conill omple el menjador, no més de deu taules, i què vas a fer? Quedar-te i demanar tu també vi. Una cuartita. I deixar passar el temps.

Quan Jaime, un dels companys del voluntariat, assomà per la porta, jo ja acumulava algunes cuartitas compartides amb les ames i excelsos coneixements pel que feia a gastronomia local. L’amabilitat de les dos germanes que regenten Casa Demetrio i els efluvis dels vins palmers em mantenien agarrada a la cadira en un estat de felicitat absoluta, fins que Jaime demanà un plat de cigrons. Qui em conega m’haurà vist desgraciar arrossos al forn buscant per a apartar-los i xillant si me’n cau un a la cullera, sabrà de les carasses i les arcades si em posen davant un plat de potatge, i no anava a ser menys esta volta.

Quants anys feia que no em portava una cullerada de cigrons a la boca? Potser des del menjador d’escola, quan havia esgotat tots els recursos (tirar-ne a terra, omplir-me les butxaques, plorar) i la mestra de torn t’agarrava el cap amb una mà i amb l’altra te’ls embotia fins a la gola. Per què no m’agraden? pensava amb el plat fumejant davant i Jaime oferint-me la cullera. A què fan gust? Ja no ho recordava. S’obrà el miracle, a una tímida primera cullerada va seguir la meitat del plat, allò estava boníssim! No va ser l’únic miracle que obrà l’illa, a l’interior de la Caldera de Taburiente ja se n’havien produït alguns que no es poden contar.

I més vi. I aparegueren altres companys. I hi havia una guitarra. I Toño, el nostre forestal cordovés, la va pillar. I conillet amb ceba eixint de la cuina. I ñame. I més vi. I cantar, jo què sé què. I sentir-se com a casa, com a casa, i despedir-se amb besaes, les dos germanes diguent adéu, i prometre tornar. Quant costa trobar eixa actitud als bars hui en dia, eixa autenticitat! Si passen per La Palma no ho dubten, Casa Demetrio, baix del centre de visitants de la Reserva de la Biosfera de Los Tilos. I donen records de la meua part.







La laurisilva. La parte más verde de la isla verde. La húmeda frondosidad de los barrancos. Llovía. El verde, el verde, el verde miraras hacia donde miraras. Una selva, un cartel –Casa Demetrio-, un bar. El obligado barraquito, la conversación –cómo llueve-, un plato de garbanzos y vino para la única mesa ocupada –cuatro viejos-, rancheras sonando. Son las once de la mañana y no me importen las plantas del sendero que debería estar pateándome, la chimenea encendida y un olor de leña y guisado de conejo llena el comedor, no más de diez mesas, y ¿qué vas a hacer? Quedarte y pedir tú también vino. Una cuartita. Y dejar pasar el tiempo.

Cuando Jaime, uno de los compañeros del voluntariado, asomó por la puerta, yo ya acumulaba algunas cuartitas compartidas con las dueñas y excelsos conocimientos de gastronomía local. La amabilidad de las dos hermanas que regentan Casa Demetrio y los efluvios de los vinos palmeros me mantenían agarrada a la silla en un estado de felicidad absoluta hasta que Jaime pidió un plato de garbanzos. Quien me conozca me habrá visto desgraciar arroces al horno buscándolos para apartarlos y chillando si me cae uno en la cuchara, sabrá de las malas caras y las arcadas si me ponen delante un plato de potaje, y ésta vez no iba a ser menos.

¿Cuántos años hacía que no me llevaba una cucharada de garbanzos a la boca? Quizá desde el comedor del colegio, cuando había agotado todos los recursos (tirar al suelo, llenarme los bolsillos, llorar) y la profesora de turno te cogía la cabeza con una mano y con la otro te los metía hasta la garganta. ¿Por qué no me gustan? pensaba con el plato humeante delante y Jaime ofreciéndome la cuchara. ¿A qué saben? Ya no me acordaba. Se obró el milagro, a una tímida primera cucharada siguió la mitad del plato, ¡aquello estaba buenísimo! No fue el único milagro que obró la isla, en el interior de la Caldera de Taburiente ya se habían producido algunos que no se pueden contar.

Y más vino. Y aparecieron otros compañeros. Y había una guitarra. Y Toño, nuestro forestal cordobés, la cogió. Y conejo con cebolla saliendo de la cocina. Y ñame. Y más vino. Y cantar, yo qué sé qué. Y sentirse como en casa, como en casa, y despedirse con besos, las dos hermanas diciendo adiós, y prometer volver. ¡Cuánto cuesta encontrar esa actitud en los bares hoy en día, esa autenticidad! Si pasan por La Palma, no lo duden, Casa Demetrio, bajo del centro de visitantes de la Reserva de la Biosfera de Los Tilos. Y den recuerdos de mi parte.

dimarts 16 de novembre de 2010

Més de La Palma

La Ruta dels volcans, des del Refugi del Pilar fins al far de Fuencaliente, -vint-i-cinc quilòmetres no massa exigents amb 1.000 metres de desnivell acumulat cap amunt i 2.400 de baixada, matadors- va ser el pla per a un dels dissabtes durant l’estada a La Palma. Si estan interessats en conéixer millor el recorregut –torne a insistir en que recomane vivament a tot lo món una visita a l’illa de La Palma-, a la xarxa poden trobar diverses pàgines amb tota la informació pertinent, perquè jo passe de fer un apunt d’eixos “cinc-cents metres a la dreta trobem un pi que rodejarem per a continuar la senda tal”, “seguirem la senda indicada fins al cim del volcà lalalà des d’on gaudirem d’unes magnífiques vistes” etc etc etc. De tota manera, si algú fa cas de la recomanació de visitar l’illa, pot preguntar tot el que li faja falta pel que fa a llocs als que anar, llocs on menjar o dormir, transport, etc. que li aconsellaré encantada.

Molta gent acaba la ruta en el poble de Fuencaliente, jo mateixa en aplegar a un dels bars d’allí i demanar la primera Dorada i acabar-la d’immediat sentada en el carrer amb les botes fora –quin gustet!- i demanar-ne una segon i una tercera que se’n vingué amb mi bancals de vinya avall, vaig estar temptada de quedar-me, quan el final de ruta realment gratificant és el del far i les salines. Sis quilòmetres més des del poble, arredonixen una jornada perfecta; l’Atlàntic ens va rebre càlid, tranquil com una bassa d’oli.

Totes les barques tenien nom de dona. Mirava les barques i les casupes dels peixcadors, els crits a les parets contra la Llei de Costes que vol tombar-les. Totes les barques tenien nom de dona menys una; es deia Valeroso i em va fer pensar en ell. Saltàrem des de les roques i el dic, nedàrem fins que el sol començà a amagar-se. Vora altre mar llegia a Julio Villar anys enrere i ell em deia “pero cómo lees eso, no leas esas cursiladas que luego lloras con las puestas de sol.










La Ruta de los volcanes, desde el Refugio del Pilar hasta el faro de Fuencaliente, -veinticinco kilómetros no demasiado exigentes con 1.000 metros de desnivel acumulado hacia arriba y 2.400 de bajada, matadores- fue el plan para uno de los sábados durante el tiempo que pasé en La Palma. Si están interesados en conocer mejor el recorrido –vuelvo a insistir en que recomiendo encarecidamente a todo el mundo una visita a la isla de La Palma-, en la red pueden encontrar diversas páginas con toda la información pertinente, porque yo paso de hacer un apunte de esos “quinientos metros a la derecha encontramos un pino que rodearemos para continuar por la senda tal”, “seguiremos la senda indicada hasta la cumbre del volcán lalalà desde donde tendremos unas magníficas vistas...” etc. etc. etc. De todas formas, si alguien hace caso de la recomendación de visitar la isla, puede preguntar todo lo que le haga falta en cuanto a lugares a los que ir, lugares para comer o dormir, transporte, etc. que le aconsejaré encantada.

Mucha gente acaba la ruta en el pueblo de Fuencaliente, yo misma en llegar a uno de los bares de allí y pedir la primera Dorada y acabármela de inmediato sentada en la calle con las botas fuera -¡qué gustito!- y pedir una segunda y una tercera que se vino conmigo viñedos abajo, estuve tentada de quedarme, cuando el final de ruta realmente gratificante es el del faro y las salinas. Seis kilómetros más desde el pueblo, redondean una jornada perfecta; el Atlántico nos recibió cálido, tranquilo como una balsa de aceite.

Todas las barcas tenían nombre de mujer. Miraba las barcas y las casuchas de los pescadores, los gritos en las paredes contra la Ley de Costas que quiere tirarlas. Todas las barcas tenían nombre de mujer menos una; se llamaba Valeroso y me hizo pensar en él. Saltamos desde las rocas y el dique, nadamos hasta que el sol empezó a esconderse. A la orilla de otro mar leía a Julio Villar años atrás y él me decía “pero cómo lees eso, no leas esas cursiladas que luego lloras con las puestas de sol.”

dilluns 15 de novembre de 2010

Diumenges que són dimarts i dilluns i dijous

El comiat a qui ha passat ací els últims quatre dies és l’únic que fa diferent un diumenge que podria haver sigut un dimarts –més bé són els dimarts els que han passat a ser diumenges-, avantatges de l’atur i la falta d’obligacions. Ara que demanes cerveses sense alcohol als bars, l’única evidència de que la nit anterior la passares fins a les quatre del matí en una barra –barra a la que no havies tornat des de feia tres anys, i és un consol que continue idèntica- és la son que et fa entornar els ulls mentre en pijama dius adéu i bon viatge a qui encara té cinc hores en la carretera per tornar a casa, amb el temps just per fer la maleta i eixir al dia següent en avió cap a altre lloc. Bicicletes i taules, grampons i piolets, neu i ones i roca, les grans passions són sempre excloents i a certa edat es tenen les preferències suficientment clares com per a haver assumit sense remordiments les pèrdues. Jo espere la cridada de confirmació, la que em farà fer una maleta per a més de tres jornades –en pocs dies caldrà fer-la, espera una volta més La Rioja-, impacient per retrobar-me amb un vertader hivern.

A dia de hui, encara no tinc clar si m’encanta el fet de poder anar en camiseta de tirants i nedar en la mar sense neopré ben entrat novembre o si odie això, una més de les contradiccions de la terreta i la relació que ens manté unides. Si ahir vaig acabar per posar-me el trage no fou tant pel fred –quin fred- com per la por a un desagradable encontre amb certs animalets; quan ja en portava contades una desena preferí curar-me en salut mentre nedava al llarg de la platja d’Aigua Blanca fins al port esportiu d’Oliva. Encara me’n trobaria unes quantes més, ja en la sorra, cadàvers gelatinosos massa abundants. En tornar a l’interior, més mar m’esperava en Ontinyent: una ix de la projecció de The Cove aborronada.

Hui és dilluns i res canvia, tot és la recerca del ràpid passar de les hores.



El adiós a quien ha pasado aquí los últimos cuatro días es lo único que hace distinto un domingo que podría haber sido un martes –más bien son los martes los que han pasado a ser domingos-, ventajas del paro y la falta de obligaciones. Ahora que pides cervezas sin alcohol en los bares, la única evidencia de que la noche anterior la pasaste hasta las cuatro de la mañana en una barra –barra a la que no habías vuelto desde hacía tres años, y es un consuelo que continúe idéntica- es el sueño que te hace entornar los ojos mientras en pijama dices adiós y buen viaje a quien todavía tiene cinco horas en la carretera para volver a casa, con el tiempo justo para hacer la maleta y salir al día siguiente en avión hacia otro lugar. Bicicletas y tablas, crampones y piolets, nieve y olas y roca, las grandes pasiones son siempre excluyentes y a cierta edad se tienen las preferencias suficientemente claras como para haber asumido sin remordimientos las pérdidas. Yo espero la llamada de confirmación, la que me hará preparar una maleta para más de tres jornadas –en pocos días esa es la que hará falta, espera una vez más La Rioja-, impaciente por reencontrarme con un verdadero invierno.

A día de hoy, todavía no tengo claro si me encanta el hecho de poder ir en camiseta de tirantes y nadar en el mar sin neopreno bien entrado noviembre, o si eso es algo que odio, una más de las contradicciones de la terreta y la relación que nos une. Si ayer acabé por ponerme el traje no fue tanto por el frío –qué frío- como por el miedo a un desagradable encuentro con ciertos animalitos; cuando llevaba contadas una docena preferí curarme en salud mientras nadaba a lo largo de la playa de Aigua Blanca hasta el puerto deportivo de Oliva. Aún me encontraría unas cuantas más, ya en la arena, cadáveres gelatinosos demasiado abundantes. Al volver al interior, más mar me esperaba en Ontinyent: una sale de la proyección de The Cove con los pelos de punta.

Hoy es lunes y nada cambia, todo es la búsqueda del rápido pasar de las horas.

dijous 11 de novembre de 2010

500 miles away from home

Al menys, et dius, ho has intentat. I encara que la renuncia et semble una derrota, lo cert és que, tot i no saber encara què passarà, el sol fet d’haver decidit i verbalitzat que tornaràs a anar-te’n, fa que comences a sentir-te molt millor. Obric la porta de la gàbia; només caldran uns dies, unes setmanes, d’enviar curriculums, fer cridades i qui sap on passaré l’hivern. Només sé que no serà ací.



Al menos, te dices, lo has intentado. Y aunque la renuncia te parezca una derrota, lo cierto es que, aún sin saber todavía qué pasará, el simple hecho de haber decidido y verbalizado que volverás a irte, hace que empieces a sentirte mucho mejor. Abro la puerta de la jaula: sólo harán falta unos días, unas semanas, de enviar curriculums, hacer algunas llamadas, y quién sabe dónde pasaré el invierno. Sólo sé que no será aquí.

dimarts 9 de novembre de 2010

Los cuerpos desnudos


“- Éste soy yo- dijo Martxel-. Nuestra tierra nunca pierde su olor. Nuestra tierra y yo somos uno.
- ¡Martxel!- exclamé.
Se puso en pie y su mano frotó mi pelo y luego lo olió.
- Es el mismo olor que la tierra –dijo.
- ¡Martxel! –exclamé.
- Siempre a tu lado y hasta hoy no supe que tu pelo huele como nuestra tierra –dijo.”

“- ¿A qué coño estáis jugando? –dice aita.
- Queremos pisar nuestra tierra tal como se pisaba antes –dice Fabi.
Aita nos mira a los tres, pasa su mirada de uno a otro...
- ¡Oh, sí!..., entiendo..., sí... Una acusación muy sutil... Vuestro padre ha manchado una tierra sobre la que antes era posible caminar descalzo... ¡La eterna canción! ¡Volvería a hacer mil veces lo que he hecho! ¡Tierra ensuciada! ¿Cuándo había más suciedad entre nosotros, antes o ahora? ¿Quién ha traído el agua corriente a los retretes? ¡La ha traído el sucio progreso! Pero vosotros rechazáis ese progreso y preferís caminar como los burros...”

“Ahora ya no vives de la tierra, las cosas están cambiando. Pero yo seguiré defendiendo lo nuestro, lo viejo, lo que no debe morir. ¿Echas de menos la tierra, Roque? ¡Claro que sí!, ¡qué pregunta! Yo te devolveré a ella a la tierra, porque eres una de las víctimas. Todo será como antes.”

“Envidio el puro sentimiento nacionalista de nuestros aldeanos, que lo tienen sin tener que pensarlo o incluso sin saber que lo tienen. Nosotros, los urbanos, sabemos que tenemos ese sentimiento porque lo pensamos.”

“Don Manuel se sentía incómodo cuando había de explicar su nacionalismo. Era capaz de disertar durante horas sobre los nacionalismos en general, e incluso sobre el nacionalismo vasco, pero se parapetaba tras lo que tuviera más a mano si se le pedía o simplemente la conversación menos maliciosa acababa poniéndole en el brete de clarificar su propio nacionalismo. ¿Falta de fe? No. Precisamente lo contrario: exceso de fe. O suficiente fe. «Lo nuestro no puede explicarse con palabras», solía deslizar. Con el tiempo, averigüé que sí era capaz de explicar con palabras lo nuestro, pero no lo suyo. En eso también se exigía demasiado a sí mismo. La desarmonía entre la razón, con sus inútiles palabras, y su sentimiento lo zarandeó durante toda su vida.”

“Pues porque alguna vez, maldita sea, tendrá que ser, y como ya no es posible confiar en el pasado, sólo nos queda el futuro. Sí, alguna vez, el sacramento Patria Vasca, magnificado por los jauntxos de antes y de ahora, dejará de prevalecer sobre una clase alta de vascos explotando a otra clase baja de vascos, y esa manipulación interesada de un noble sentimiento no podrá moldear ningún barro cuando se extienda por el mundo el valor solitario de reconocer que la única patria es la humilde infancia de cada uno de nosotros.”

“Nunca había visto a don Manuel congeniando con la violencia, y eso que aún no llevaba el fusil que, horas después, empuñaría. Me contó en alguna ocasión que su madre le regaló una chimbera a sus dieciséis años, con la que disparó a un gorrión y lo mató –hasta entonces sólo había matado a un ser vivo,un txiotxu con su tiragomas siendo niño-. Quedó tan horrorizado que partió en cachos el arma que tanto había reclamado. Éste era el hombre que marchó a la Guerra a defender la libertad.”

“Los anarquistas luchan por una idea, nosotros por la tierra. Ellos con su cosa y nosotros con la nuestra, luchamos unidos contra Franco en la misma guerra. ¿Por qué otra verdad que no sea la tierra se puede luchar? Oí siempre al padre que la tierra es lo primero. «La tierra siempre será lo primero», decía. La tierra de Altubena, la de Basaon, la tierra de todos los hombres y mujeres que viven sobre esa verdad y la pisan y la trabajan de padres a hijos. Así fue siempre. No hay otro lugar en el mundo para el hombre que su tierra.”

“Roque Altube no sabe lo que es, sólo sabe que tiene que defender la tierra que pisa.”

“- La gente está cansada de la guerra, sólo quiere que se acabe- me dice.
- Las guerras no se hacen para que acaben sino para que las ganen los buenos –le digo.
- ¿Sabes tú quiénes son los buenos? ¿Con quién estaría Jesucristo? –dice.
- No sé con quién estará Jesucristo, pero seguro que no está con los que vienen a quitarnos la tierra- digo.
- Pero no se la llevarán... ¿o crees que se la llevarán bajo el brazo? No, aquí seguirá, hoy nadie quiere la tierra. Mis hijos ya trabajan también en fábricas. En la tierra se suda mucho para sacar cuatro puerros y cuatro patatas. ¿Tú sabes por qué se ha hecho esta guerra? Yo no. Los aldeanos como tú y como yo sólo entendemos de la tierra.”

Ramiro Pinilla. Los cuerpos desnudos. Segona part de la trilogia Verdes valles, colinas rojas.

dilluns 8 de novembre de 2010

Coses velles de la mar

El carrer O’Daly de Santa Cruz de La Palma deixava endevinar un passat comercial, esplendorós, del que al port només quedava la menuda terminal de contenidors. Era diumenge de vesprada i totes les tendes estaven tancades, només alguna cafeteria era vigilada des de la porta per un cambrer esperant la clientela que no arribava, i em vaig dedicar a passejar tranquil•lament fins al Museu Naval. Feia hores que havia aterrat a La Palma, desitjosa d’un parell de dies de mar abans d’anar cap a l’interior, i m’havia decebut la platja que quedava prop de la ciutat com m’havia decebut la visió del port –una de les primeres obres que els castellans feren després de la conquista, allà per vora l’any 1500-, el no trobar un raconet des de la que passar el temps mirant l’horitzó, atempta a l’aparició d’un vaixell qualsevol del que observar la maniobra d’entrada al port i imaginar les ordres del capità, record de dies millors.

O’Daly avall, em cridà l’atenció un llibre a l’aparador d’una papereria: Cosas viejas de la mar, d’un tal Armando Yanes Carrillo. Historia desde el siglo XVI. Navegación. Relación con América. Naufragios. Puertos. Pirateria. Si la papereria haguera estat oberta, haguera entrar en eixe mateix moment a fullejar-lo. Uns minuts més caminant i ja estava front al Museu Naval, una reproducció de la Santa María de Colón, i des d’allí vaig tornar pel carrer de baix, l’Avinguda Marítima, donant la bona nit als qui llençaven els hams a la mar fosca, completament negra.

Yanes Carrillo se’m creuà de nou després d’esmorzar, quan al Museu Naval una vitrina allotjava una foto seua i de la tripulació de la seua barca la Benahoare. En eixir, vaig enfilar cap a la papereria, i en demanar-lo la dona que m’atengué em diu:

- Pero usted no es palmera, ¿le puedo preguntar cómo supo de este libro?

Li dic que m’agrada la mar, que havia vist al Museu Naval que li dedicaven un raconet a Armando Yanes Carrillo, i que tampoc havia vist per cap lloc altre llibre que parlara del passat mariner de l’illa. Ella em digué que no, que en efecte no hi havia res més. I que Armando Yanes Carrillo havia sigut el seu iaio.

Aquella nit, ja dins del sac i amb la mar molt més avall, amb el llibre entre les mans i el frontal il•luminant històries, vaig somiar l’illa anys enrere, al 1553, quan François le Clerc, Jambe de Bois, atacà amb 700 hòmens La Palma i durant dies i dies es dedicaren a saquejar-ho tot. Conten que un tal Baltasar Martín, de Garafia, aconseguí reunir un gran número d’hòmens per a lluitar contra els pirates, derrotant-los finalment, i que quan anava ell tot content al convent de Sant Francesc a donar gràcies per la victòria, un dels monjos el matà reballant-li un pedrot al cap des del sostre al confundir-lo amb un dels pirates francesos. Les nits successives, desenes de vaixells i històries de qui els tripularen m’acompanyaren baix les estrelles del claríssim cel que els navegants de hui ja no miren.




La calle O’Daly de Santa Cruz de La Palma dejaba adivinar un pasado comercial, esplendoroso, del que en el puerto sólo quedaba la pequeña terminal de contenedores. Era domingo por la tarde y todas las tiendas estaban cerradas, sólo alguna cafetería era vigilada desde la puerta por un camarero esperando a la clientela que no llegaba, y me dediqué a pasear tranquilamente hasta el Museo Naval. Hacía horas que había aterrizado en La Palma, deseosa de un par de días de mar antes de ir hacia el interior, y me decepcionó la playa que quedaba cerca de la ciudad como me decepcionó la visión del puerto –una de las primeras obras que hicieron los castellanos después de la conquista, allá rozando el año 1.500-, el no encontrar un rinconcito desde el que pasar el tiempo mirando el horizonte, atenta a la aparición de un barco cualquiera del que observar la maniobra de entrada al puerto e imaginar las órdenes del capitán, recuerdo de días mejores.

Mientras seguía la calle O’Daly, llamó mi atención un libro en el escaparate de una papelería: Cosas viejas de la mar, de un tal Armando Yanes Carrillo. Historia desde el siglo XVI. Navegación. Relación con América. Naufragios. Puertos. Pirateria. Si la papelería hubiese estado abierta, hubiera entrado en ese mismo momento a hojearlo. Unos minutos más caminando y ya estaba frente al Museo Naval, una reproducción de la Santa María de Colón, y desde allí volví por la calle de abajo, la Avenida Marítima, dando las buenas noches a quienes lanzaban sus cebos a la mar oscura, completamente negra.

Yanes Carrillo se me cruzó de nuevo después de desayunar, cuando en el Museo Naval una vitrina alojaba una foto suya y de la tripulación de su barca la Benahoare. Al salir, enfilé hacia la librería, y al pedirlo la mujer que me atendió dice:

- Pero usted no es palmera, ¿le puedo preguntar cómo supo de este libro?

Le digo que me gusta la mar, que había visto en el Museo Naval que le dedicaban un rinconcito al tal Armando Yanes Carrillo, y que tampoco había visto por otro lugar algún libro que hablara del pasado marinero de la isla. Ella me dijo que no, que en efecto no había nada más. Y que Armando Yanes Carrillo era su abuelo.

Aquella noche, ya dentro del saco y con la mar mucho más abajo, con el libro entre las manos y el frontal iluminando historias, soñé la isla años atrás, en 1553, cuando François le Clerc, Jambe de Bois, atacó con 700 hombres La Palma y durante días y días se dedicaron a saquearlo todo. Cuentan que un tal Baltasar Martín, de Garafia, consiguió reunir un gran número de hombres para luchar contra los piratas, derrotándolos finalmente, y que cuando iba él todo contento al convento de San Francisco a dar gracias por la victoria, uno de los monjes lo mató lanzándole un pedrusco a la cabeza desde el techo al confundirlo con uno de los piratas franceses. Las noches sucesivas, decenas de barcos e historias de quienes los tripularon me acompañaron bajo las estrellas del clarísimo cielo que los navegantes de hoy ya no miran.

diumenge 7 de novembre de 2010

Diumenge de tardor


Eixim a fer una passejada de diumenge, cap a Sella. La tardor no acaba d’aplegar, no em lleve la màniga curta o els tirants, només un parell de dies enrere em va fer falta el xubasquero per la serra de la Safor. Encara que miren que està bonica la terreta, la promesa d’allò que hi ha més enllà viu latent corcant-me per dins. Haurien de caure’m damunt totes estes roques que milers de mans i soles han desgastat, només aixina podrien evitar que, una volta més, fugira nord enllà.




Salimos a dar un paseíto de domingo, hacia Sella. El otoño no acaba de llegar, no me quito la manga corta o los tirantes, sólo hace un par de días se hizo necesario el chubasquero por la sierra de la Safor. Y aunque miren que está bonita la terreta, la promesa de aquello que hay más allá vive latente corcándome por dentro. Tendrían que caerme encima todas estas piedras que miles de manos y suelas han desgastado, sólo así podrían evitar que una vez más, huyera norte allá.

divendres 5 de novembre de 2010

Aceró

Diuen que l’illa es deia Benahoare, i que els aborígens vivien principalment del pasturatge, i que un mencey dirigia cadascún dels dotze cantons en que estava dividida, i que al cantó de La Caldera li deien Aceró, lloc fort i invulnerable. Diuen que Tanausú era el cap de la tribu quan el 1492 desembarcaren en Tazacorte els hòmens d’Alonso Fernández de Lugo i que anaren sometent tots els cantons, quedant només Aceró per conquerir.

Diuen que Tanausú accedí a negociar amb el Fernández de Lugo per tal d’evitar majors sofriments al seu poble, i resultà que era un tros de fill de puta el castellà este i que enganyà a Tanausú, apresant-lo. Diuen que Tanausú havia enviat a la seua família al Roque de los Muchachos per a protegir-los i allí una nevada va acabar amb ells. Diuen que en el vaixell on el portaven pres cap a la península digué que es volia morir, i va morir-se.

Diuen les cròniques que és en la Caldera on es va acabar tot. Per a mi, en canvi, moltes coses començaren allà. No ha sigut únicament La Caldera de Taburiente; tota l’illa de La Palma ha fet d’estos vora vint dies unes vacances (no eren vacances, estava allà com a voluntària de SEO) especials. No ho esperava, no esperava ni la meitat del que va ser. Els pròxims dies el blog serà tot intents d’esbossos del que han estat les últimes setmanes. Ni les paraules ni les imatges podran materialitzar tot el viscut allí, però seran suficients si en llegir-les només un de vostés es troba de repent buscant vols en direcció a La Palma.






Dicen que la isla se llamaba Benahoare y que los aborígenes vivían principalmente del pastoreo, y que un mencey dirigía cada uno de los doce cantones en que estaba dividida, y que al cantón de La Caldera lo llamaban Aceró, lugar fuerte e invulnerable. Dicen que Tanausú era el jefe dela tribu cuando en 1492 desembarcaron en Tazacorte los hombres de Alonso Fernández de Lugo y que fueron sometiendo a todos los cantones, quedando sólo Aceró por conquistar.

Dicen que Tanausú accedió a negociar con el Fernández de Lugo con tal de evitar mayores sufrimientos a su pueblo, y resultó que era un grandísimo hijo de puta el castellano éste y que engañó a Tanausú, apresándolo. Dicen que Tanausú había enviado a su familia al Roque de los Muchachos para protegerlos y allí una nevada acabó con ellos. Dicen que en el barco donde se lo llevaban preso a la península dijo querer morirse, y se murió.

Dicen las crónicas que es en la Caldera donde se acabó todo. Para mí, en cambio, muchas cosas han empezado allí. No ha sido únicamente La Caldera de Taburiente; toda la isla de La palma ha hecho de estos cerca de veinte días una vacaciones (no eran vacaciones, estaba allí como voluntaria de SEO) especiales. No lo esperaba, no esperaba ni la mitad de lo que fue. Los próximos días el blog será todo intentos de esbozos de lo que han sido las últimas semanas. Ni las palabras ni las imágenes pueden materializar todo lo vivido allí, pero serán suficientes si al leerlas sólo uno de ustedes se encuentra de repente buscando vuelos en dirección a La Palma.