entre totes les coses que envege a Finlàndia i a Noruega, que són moltes, hi ha l’abundància de cabanyes als boscos i muntanyes que qualsevol pot utilitzar de manera gratuïta, fustes velles que abans guarien caçadors i ara oferixen sostre als excursionistes. L’equipament és mínim: lloc on fer foc i cuinar, cobert per a la llenya normalment ple de llenya, lliteres i una taula. No falta, en cap, la llibreta on deixar constància del nostre pas per allà. No llum, no aigua, algun ciri, algun mapa, poca cosa més; amb sort algú que ha estat abans que tu ha oblidat una llandeta de menjar.
L’estat de la neu ens va obligar a fer alguns canvis al pla que teníem inicialment, canvis que foren a millor i més amb les temperatures que hem tingut, entre els -10 i els 0º tot el cap de setmana, mai havia passat tanta calor des de que vaig aplegar a Finlàndia, ara fa tres mesos. Me’n vaig anar divendres lleugerament cabrejada amb el país este, cansada d’ell, però torne amb la reconciliació signada, al menys temporalment. Com vaig dir unes entrades més avall, el que realment acaba important, anem on anem, és la gent que ens acompanya, la gent que ens trobem pel camí. Això és el que fa especial el més anodí dels destins, això és el que calfa els refugis quan per les nits baixa el mercuri i tremolem.
El divendres a Vancouver, la selecció finlandesa de hockey gel va patir una derrota estrepitosa davant dels USA. Seguíem a través d’una vella ràdio com cada atac dels americans es traduïa en gol, la companyia sentenciava que si Finlàndia guanyava hi hauria que beure per a celebrar-ho i que si Finlàndia perdia que hi havia que beure per a consolar-se. Al final de la primera part jo ja m’ho havia begut tot. Ell deia de quan en quan UUUUUUUY i jo li deia QUÈ HA PASSAT, QUE L’HA TRETA? perquè no m’enterava res del que deia el de la ràdio, un senyor amb veu de Paco Nadal el de Canal 9. Vaig xillar un BOMBEJA AGUSTINET! que deguere despertar als óssos. Honors per a Vicè que ha esborrat el seu mercat però gràcies a Baydal que ho recordà fa uns mesos al seu blog.
El pedal postderrota va ser només l’inici. Com es poden fer d’eterns deu quilòmetres en raquetes de neu quan t’afones fins a casi la cintura, llegir Las ratas a la llum del frontal, passar hores buscant un poble amb bar, trobar el bar i estar fins a les quatre del matí intoxicant-se a base d’una beguda negra i ballant cançons de Michael Jackson amb la pitjor fauna local, creuar-se amb una família d’ants (reconec que he hagut de buscar la paraula, no tenia ni idea de com es deien alces en valencià), avançar amb els esquís de fons per damunt d’un riu congelat i pensar que potser si el seguia i el seguia arribaria a la mar, tal i com pensava cada volta que m’acostava al Serpis de menuda, si vaig seguint-lo seguint-lo aplegaré a la mar de Gandia?, rastres d’animals damunt la neu, poder anar en mànega curta, una llitera que grinyola, el soroll dels cossos, ressaques i foc enmig del no res, somiar que la vida la fan perfecta un gos, una casa i un home, dir-se adéu i no fins a l’altra.
A la llibreta de la cabanya vaig deixar escrit, abans de que se n’anàrem, un poema de Juan Gil-Albert.
una pausa misteriosa sin palabras,
como si unos brazos doblados como plumas
recogiéranse de nuevo en su originaria mudez.
Lo que se habla al mandato de la poesía
no da luz al que dice sin quererlo
esas aterradoras resonancias antiguas
enviadas como rayos sobre la paciente humanidad.
Caída su lumbre en el corazón de quien la escucha,
¿qué queda en aquel que vio fluir de su mano
la chispa de los grandes designios?
Una nube de cenizas ciega sus ojos,
como los nubarrones se oscurecen
tras el alumbramiento fugitivo
de la tempestuosa tormenta. Luego callan,
más seductores en su enigmático mutismo.
Tan sólo la embriaguez de unos momentos
tienta al canto motivo de su ser. Y cuando cesa
un poeta de hablar esos oscuros signos que despiertan
el terror o las ávidas pasiones en los mortales indefensos,
todo él enmudece como una piedra prestigiosa
y ciémese sobre la vida una bonanza, un cierto fresco
que engaña a quienes se recrean bajo su sombra,
porque en su seno hierven peligrosas las canciones venideras.
De entre todas las cosas que envidio a Finlandia y a Noruega, que son muchas, está la abundancia de cabañas en los bosques y las montañas que cualquiera puede utilizar de manera gratuita, madera vieja que antes guarecía a los cazadores y ahora ofrece techo a excursionistas. El equipamiento es mínimo: lugar para hacer fuego y cocinar, cobertizo para la leña normalmente lleno de leña, literas y una mesa. No falta, en ninguna, la libreta donde dejar constancia de nuestro paso por allí. No luz, no agua, alguna vela, algún mapa, poca cosa más; con suerte alguien que ha estado antes que tú habrá olvidado una lata de comida.
El estado de la nieve nos obligó a hacer algunos cambios en lo que teníamos inicialmente previsto, cambios que fueron a mejor y más con las temperaturas que hemos tenido, entre los -10 y los 0º todo el fin de semana, nunca había pasado tanto calor desde que llegué a Finlandia, ahora hace tres meses. Me fui el viernes ligeramente cabreada con el país este, cansada de él, pero vuelvo con la reconciliación firmada, al menos temporalmente. Como dije unas entradas más abajo, lo que realmente acaba importando, vayamos donde vayamos, es la gente que nos acompaña, la gente que nos encontramos por el camino. Eso es lo que hace especial el más anodino de los destinos, eso es lo que calienta los refugios cuando por las noches bajo el mercurio y temblamos.
El viernes en Vancouver la selección finlandesa de jockey hielo sufrió una estrepitosa derrota delante de los USA. Seguíamos a través de la vieja radio cómo cada ataque de los americanos se traducía en gol, la compañía sentenciaba que si Finlandia ganaba había que beber para celebrarlo y que si Finlandia perdía había que beber para consolarse. Al final de la primera parte yo ya me lo había bebido todo. Él hacía de cuando en cuando UUUUUUY y yo preguntaba QUÈ PASSA, QUE L’HA TRETA? porque no me enteraba de nada de lo que decía el de la radio, un señor con voz de Paco Nadal el de Canal 9. Chillé un ¡BOMBEJA AGUSTINET! que debió despertar a los osos. Honores para Vicè, que ha eliminado su mercado, pero gracias a Baydal, que lo recordó hace unos meses en su blog.
El pedal postderrota fue sólo el inicio. Cómo se pueden hacer de eternos diez kilómetros en raquetas cuando te hundes casi hasta la cintura, leer Las ratas a la luz del frontal, pasar horas buscando un pueblo con bar, encontrar el bar y estar hasta las cuatro de la mañana bailando canciones de Michael Jackson con la peor fauna local, cruzarse con una familia de alces, avanzar con los esquís de fondo por encima de un río congelado y tener el pensamiento infantil de que si lo seguía quizá llegaría al mar, tal y como pensaba cada vez que me acercaba al Serpis cuando era pequeña, ¿si voy siguiéndolo siguiéndolo llegaré al mar de Gandia?, rastros de animales encima de la nieve, poder ir en manga corta, una litera que rechina, el sonido de los cuerpos, resacas y fuego en medio de la nada, soñar que la vida la hacen perfecta un perro, una casa y un hombre, decirse adiós y no hasta luego.
Antes de irnos, dejé escrito en la libreta de la cabaña un poema de Juan Gil-Albert:
"Presiento una larga noche de silencio,
una pausa misteriosa sin palabras,
como si unos brazos doblados como plumas
recogiéranse de nuevo en su originaria mudez.
Lo que se habla al mandato de la poesía
no da luz al que dice sin quererlo
esas aterradoras resonancias antiguas
enviadas como rayos sobre la paciente humanidad.
Caída su lumbre en el corazón de quien la escucha,
¿qué queda en aquel que vio fluir de su mano
la chispa de los grandes designios?
Una nube de cenizas ciega sus ojos,
como los nubarrones se oscurecen
tras el alumbramiento fugitivo
de la tempestuosa tormenta. Luego callan,
más seductores en su enigmático mutismo.
Tan sólo la embriaguez de unos momentos
tienta al canto motivo de su ser. Y cuando cesa
un poeta de hablar esos oscuros signos que despiertan
el terror o las ávidas pasiones en los mortales indefensos,
todo él enmudece como una piedra prestigiosa
y ciémese sobre la vida una bonanza, un cierto fresco
que engaña a quienes se recrean bajo su sombra,
porque en su seno hierven peligrosas las canciones venideras."



