dijous 18 de novembre de 2010

Vaja on vaja, pilota!

A l’illa de La Palma no es juga a pilota. D’haver tingut alguns dies després d’acabar el voluntariat amb SEO, m’haguera agradat acostar-me cap a Lanzarote, l’illa on major implantació tingué quan va aplegar, i l’única on encara es continua, de manera molt minoritària, jugant, encara que a totes les altres hi hagué en algun moment de la història gent que jugava. De fet, a Las Palmas de Gran Canaria encara hi ha un carrer dit de la Pelota, i al Nomenclátor de Carrers i Places de Las Palmas diu “Llámase así en virtud a un juego que se practicaba en ella”. Em queda pendent eixa visita, com me’n queden pendents tantes a tants llocs on les mans de la gent arreu de tot el món mantenen viu aquest ancestral esport en els carrers i places dels seus pobles; llàstima que una vida no siga suficient.

L’arribada de la pilota a les Canàries data del moment posterior a la conquesta castellana, donant-se per segur que els habitants aborígens no jugaven. Una vegada més, són els fluxos migratoris els que han contribuït a l’extensió del joc, com ocorregué en Amèrica o Filipines amb la immigració basca dels segles XIX i XX. Als llocs d’Amèrica del Sud on la pilota perviu hui en dia i té una gran afició, existien antecedents de jocs similars en temps dels maies i els asteques i els inques i tots aquells (m’agrada pensar que si l’afició quallà tant en aquelles terres és perquè hi havia ja certa predisposició en la sang des de feia segles, encara que hagueren deixat de practicar el joc), però a Canàries, com ja he dit, no s’ha trobat cap evidència anterior a l’arribada dels castellans, mentre que altres jocs i esports tradicionals aborígens (la lluita canària, el palo...) sí apareixen a les cròniques. Imagine mariners bascos, bons navegants, embarcats a les naus espanyoles a la conquesta de noves terres, desembarcant àvids després de la llarga travessia, disputant partides a qui sap quin port que els acolliria.

Es jugava en acabar les feines de la terra o les de la mar, i cobrava un protagonisme especial els dies de festa, on jugadors i públic es desplaçaven a peu i en burro pels camins des del seu poble fins a aquell on tinguera lloc la partida, en una imatge que perfectament li puc haver sentit contar a m’auelo ací. No faltava tampoc un reconstituent que prenien els jugadors en el descansos, que haguera posat ben interessant la partida d’ahir del Circuit Bancaixa a Guadassuar: aigua, rom, sucre, canella i llima deixat macerar durant dos o tres dies. Tristament, d’aquells temps de bona salut de la pilota insular ja no queda res, i encara gràcies que a Lanzarote hi ha intents de recuperació que a la resta d’illes són, actualment, impensables.

El reglament és prou diferent, la pilota és diferent, el lloc on es juga és diferent, el número habitual de jugadors són cinc per equip... són molts els canvis introduïts en la que devia ser la manera original de jugar, si l’origen és la pilota basca. Però tot açò ho preferiria en altre post, a escriure en un futur qui sap si llunyà o pròxim en el que puga vore en viu una partida de pilota a Lanzarote.

Abans d’acabar, voldria deixar-los un fragment d’un llibret que edità el Centro de la Cultura Popular Canaria fa quinze anys sobre jocs tradicionals canaris, i que en el xicotet apartat que dedica a la pilota diu:

La mujer y la pelotamano

Ésta ha tenido su papel en el desarrollo del juego de pelotamano de una manera pasiva. Aunque no practicaban el juego, sí sufrían las consecuencias del juego. De tal forma que más de una esposa esperaba pacientemente la llegada de su marido, que podía ser durante la noche o como algunos, solían hacer, estar fuera los días que durara la fiesta. La novia también perdía muchas tardes de estar con la persona amada, debido a la detención del novio para disputar una partida de pelota.

Com veuen, les coses tampoc són tan diferents. I amb açò, els dic adéu fins a la setmana que ve. Me’n vaig a passar el cap de setmana a la Vall d’Ocón, a La Rioja, i remataré diumenge amb partida al Adarraga (juga Titín III!) i posterior tapeig per La Laurel de Logroño. No em queixe, no.

Frontó de San Román de Cameros, La Rioja. Gener 2010

En la isla de La Palma no se juega a pelota. De haber tenido algunos días después de acabar el voluntariado con SEO, me hubiera gustado acercarme hacia Lanzarote, la isla donde mayor implantación tuvo cuando llegó, y la única en la que todavía se continúa, de manera muy minoritaria, jugando, aunque en todas las otras hubo en algún momento de la historia gente que jugó. De hecho, en Las Palmas de Gran Canaria todavía hay una calle llamada de la Pelota, y el Nomenclátor de Calles y Plazas de Las Plamas dice “Llámase así en virtud a un juego que se practicaba en ella”. Me queda, pues, pendiente esa visita, como me quedan pendientes tantas a tantos sitios donde las manos de la gente en todo el mundo mantienen vivo este ancestral deporte en las calles y plazas de sus pueblos; lástima que una vida no sea suficiente.

La llegada de la pelota a las Canarias data del momento posterior a la conquista castellana, dándose por seguro que los aborígenes no jugaban. Una vez más, son los flujos migratorios los que han contribuido a la extensión del juego, como ocurrió en América o Filipinas con la inmigración vasca de los siglos XIX y XX. En los lugares de América del Sur donde la pelota pervive hoy día y goza de una gran afición, existían antecedentes de juegos similares en tiempos de los mayas y los aztecas y los incas y todos aquellos (me gusta pensar que si la afición cuajó tanto en aquellas tierras es porque había ya cierta predisposición en la sangre desde hacia siglos, aunque hubieran dejado de practicar el juego), pero en Canarias, como ya he dicho, no se ha encontrado ninguna evidencia anterior a la llegada de los castellanos, mientras otros juegos y deportes tradicionales aborígenes (la lucha canaria, el palo...) sí aparecen en las crónicas. Imagino marineros vascos, buenos navegantes, embarcados en las naves españolas a la conquista de nuevas tierras, desembarcando ávidos después de la larga travesía, disputando partidas en quién sabe qué puerto les acogiera.

Se jugaba al acabar los trabajos del campo o de la mar, y cobraba un protagonismo especial los días de fiesta, cuando jugadores y público se desplazaban a pie y en burro por los caminos desde su pueblo hasta aquel en el que tuviera lugar una partida, en una imagen que perfectamente le puedo haber oído contar a mi abuelo aquí. No faltaba tampoco un reconstituyente que tomaban los jugadores en los descansos, y que hubiera puesto bien interesante la partida de ayer del Circuit Bancaixa en Guadassuar: agua, ron, azúcar, canela y limón dejados macerar durante dos o tres días. Tristemente, de aquellos tiempos de buena salud de la pelota insular ya no queda nada, y aún gracias que en Lanzarote hay intentos de recuperación que en el resto de islas son, actualmente, impensables.

El reglamento es bastante diferente, la pelota es diferente, el lugar donde se juega es diferente, el número habitual de jugadores son cinco por equipo... son muchos los cambios introducidos en la que debía ser la manera original de jugar, si el origen es la pelota vasca. Pero todo eso lo preferiría en otro post, a escribir en un futuro quién sabe si lejano o próximo, en el que pueda ver en vivo una partida de pelota en Lanzarote.

Antes de acabar, quisiera dejarles un fragmento de un librito que editó el Centro de la Cultura Popular Canaria hace quince años sobre juegos tradicionales, y que en el pequeño apartado que dedica a la pelota dice:

La mujer y la pelotamano

Ésta ha tenido su papel en el desarrollo del juego de pelotamano de una manera pasiva. Aunque no practicaban el juego, sí sufrían las consecuencias del juego. De tal forma que más de una esposa esperaba pacientemente la llegada de su marido, que podía ser durante la noche o como algunos, solían hacer, estar fuera los días que durara la fiesta. La novia también perdía muchas tardes de estar con la persona amada, debido a la detención del novio para disputar una partida de pelota.

Como ven, las cosas tampoco son tan diferentes. Y con esto, adiós hasta la semana que viene. Me voy a pasar el fin de semana al Valle de Ocón, en La Rioja, y remataré el domingo con una partida en el Adarraga (¡juega Titín III!) y posterior tapeo por La Laurel de Logroño. No me quejo, no.

5 comentaris:

Clidice ha dit...

Bon viatge i bons jocs! :)

Anònim ha dit...

Adarraga = Frío

Frío y humedad. Como muchos otros frontones en invierno. Porque el GRAVN se jugaba en invierno. Las cerraduras amanecían, atardecían, anochecían congeladas. Los radiadores reventaban solidificados, los coches se quedaban tirados, llovía, nevaba, los ríos se desbordaban, cristalizaban gélidos. Y los frontones construidos a su vera chorreaban condensando una humedad superior al cien por cien en paraguas, zapatos, gabardinas, cuerpos y la misma piedra incluso. Por culpa de la calefacción, decían los mayores, los entendidos, la cátedra; una calefacción que ni cuando finalizaba el último partido había templado el ambiente, una calefacción que era remover el aire frío, una mayor sensación de frío, calor tallado en cuchillos de hielo.

El año anterior igual hubiéramos tenido una oportunidad: sólo eran Daniel y Garrido para dos partidos. Éste, Juan Pablo, su hermano, después de machacarse juntos todo el verano, se había situado a su mismo nivel y no teníamos la más mínima posibilidad. Jugábamos como mucho un par de veces por semana (la que tocaba) y por divertirnos, por reventar la pelota, que de rebote llegara de nuevo al frontis, sentir un empale fácil, eléctrico, por la dejada, un dos paredes, no sabíamos ni de maketos. Todavía no habían llegado los entrenamientos físicos, técnicos, un entrenamiento; lo nuestro era darle a tontas y a locas, no había modelo, no había objetivo, no había motivo, ni siquiera un desolado descampado de motivos que hiciera morder con rabia hambrienta el menor hueso. Así se puede llegar a ser bueno, extremadamente bueno; en cualquier disciplina, en poco tiempo, con cualquier hueso.

Las fregonas, los trapos del suelo, el serrín, formaban parte de ese mismo paisaje de goteras y charcos. Serrín como arena impregnada de salitre sobre el asfalto, absorbiendo la rociada nocturna, la bruma ahíta de mar derramándose sobre calles, coches, colándose hasta el tuétano. Todavía se pueden pasar varias horas en el agua con el 3/2 sin costuras selladas, pero el pie desnudo se encoge ante el frío del empedrado, la nieve en las cumbres.

Anònim ha dit...

Cambiándote en el vestuario te acababas de quedar chupetizado. Los manistas no habían dado comienzo a la liturgia de velas y hornillos. Ellos que aun aficionados, cobraban en festivales de verano por los pueblos, se emborrachaban a kalimotxos o zurracapote y arrasaban (o eso decían) entre las mozas, más sueltas del habitual cerrojo por los festejos. Eso sí que debía molar, sí que molaba. Como el surf en verano, el calorcito, las pieles morenas, las feromonas brillando. Sestao, las Llanas, era calor, Altos Hornos, la boca de un infierno, del infierno, del mismísimo Infierno, Ortuella, Séveso, un rastro de pisadas sangrantes sobre el asfalto, el olor a carne quemada, a cementerio, a curtido de cuero, nunchacos, bandas, peleas de barrio, de fiestas, de sala de fiestas, Forjas, Zaramaga, a muerto, a 3 de marzo. Los excesos etílicos y no etílicos acababan pasando factura con el tiempo, así había sido antes de Oguetas y seguiría siendo después de Goñis, haciendo un patético ridículo ante una privada cuñada o una pública telebista.

No sentías los pies, el esparadrapo y el pega-palo te arrancaban en frío la piel de las manos, la derecha justo llegaba a calentarse finalizando el partido, la izquierda debía existir, subsistir, allá al final del brazo, cada uno aislado en sus cuadros por un insuficiente pantaloncito y niqui inmaculadamente blancos, maternalmente planchaditos, un sudor frío bajo el casco viendo venir después de resbalar en el charco una bola, una bala, un golpe bajo que te acababa atropellando, fusilando, pececillo en las redes de un océano ártico. Bolas nuevas, brillando recién encueradas, recién ensebadas, recién pintadas, partiéndole el alma al haya ante un mal empale, doliendo desde la primera hasta la última falange después de recorrer todos los huesos, bolas como las que no nos podíamos permitir salvo jugando con mayores, mayores sin sartenazo, no como los navarros que cada año sacaban de pueblillos, de la bruma de algún bosque, morroskos hormonados a chuletón como setas el otoño.

Todo había terminado. El termo todavía no había templado el agua del baño y sin embargo la ropa de calle ya estaba fría y húmeda, los zapatos no se habían secado, el betún alumbraba una leve frontera de tiza.

T mayúscula encerrada en un círculo.
Vuela la chapa, el frío metal azul y rojo.
¡Va buena!
(Los momios, si los hubiera habido, seguirían sin estar por nuestro gerriko).

Anònim ha dit...

Cambiándote en el vestuario te acababas de quedar chupetizado. Los manistas no habían dado comienzo a la liturgia de velas y hornillos. Ellos que aun aficionados, cobraban en festivales de verano por los pueblos, se emborrachaban a kalimotxos o zurracapote y arrasaban (o eso decían) entre las mozas, más sueltas del habitual cerrojo por los festejos. Eso sí que debía molar, sí que molaba. Como el surf en verano, el calorcito, las pieles morenas, las feromonas brillando. Sestao, las Llanas, era calor, Altos Hornos, la boca de un infierno, del infierno, del mismísimo Infierno, Ortuella, Séveso, un rastro de pisadas sangrantes sobre el asfalto, el olor a carne quemada, a cementerio, a curtido de cuero, nunchacos, bandas, peleas de barrio, de fiestas, de sala de fiestas, Forjas, Zaramaga, a muerto, a 3 de marzo. Los excesos etílicos y no etílicos acababan pasando factura con el tiempo, así había sido antes de Oguetas y seguiría siendo después de Goñis, haciendo un patético ridículo ante una privada cuñada o una pública telebista.

No sentías los pies, el esparadrapo y el pega-palo te arrancaban en frío la piel de las manos, la derecha justo llegaba a calentarse finalizando el partido, la izquierda debía existir, subsistir, allá al final del brazo, cada uno aislado en sus cuadros por un insuficiente pantaloncito y niqui inmaculadamente blancos, maternalmente planchaditos, un sudor frío bajo el casco viendo venir después de resbalar en el charco una bola, una bala, un golpe bajo que te acababa atropellando, fusilando, pececillo en las redes de un océano ártico. Bolas nuevas, brillando recién encueradas, recién ensebadas, recién pintadas, partiéndole el alma al haya ante un mal empale, doliendo desde la primera hasta la última falange después de recorrer todos los huesos, bolas como las que no nos podíamos permitir salvo jugando con mayores, mayores sin sartenazo, no como los navarros que cada año sacaban de pueblillos, de la bruma de algún bosque, morroskos hormonados a chuletón como setas el otoño.

Todo había terminado. El termo todavía no había templado el agua del baño y sin embargo la ropa de calle ya estaba fría y húmeda, los zapatos no se habían secado, el betún alumbraba una leve frontera de tiza.

T mayúscula encerrada en un círculo.
Vuela la chapa, el frío metal azul y rojo.
¡Va buena!
(Los momios, si los hubiera habido, seguirían sin estar por nuestro gerriko).

Cabot Cove Lanzarote ha dit...

Hola, bona nit

visc a Lanzarote i no conec cap iniciativa sobre pilote

si vosté coneix alguna estaría agraït de saber-ho.

gracies



noticiasdelanzarote.com@gmail.com