dimarts 9 de novembre de 2010

Los cuerpos desnudos


“- Éste soy yo- dijo Martxel-. Nuestra tierra nunca pierde su olor. Nuestra tierra y yo somos uno.
- ¡Martxel!- exclamé.
Se puso en pie y su mano frotó mi pelo y luego lo olió.
- Es el mismo olor que la tierra –dijo.
- ¡Martxel! –exclamé.
- Siempre a tu lado y hasta hoy no supe que tu pelo huele como nuestra tierra –dijo.”

“- ¿A qué coño estáis jugando? –dice aita.
- Queremos pisar nuestra tierra tal como se pisaba antes –dice Fabi.
Aita nos mira a los tres, pasa su mirada de uno a otro...
- ¡Oh, sí!..., entiendo..., sí... Una acusación muy sutil... Vuestro padre ha manchado una tierra sobre la que antes era posible caminar descalzo... ¡La eterna canción! ¡Volvería a hacer mil veces lo que he hecho! ¡Tierra ensuciada! ¿Cuándo había más suciedad entre nosotros, antes o ahora? ¿Quién ha traído el agua corriente a los retretes? ¡La ha traído el sucio progreso! Pero vosotros rechazáis ese progreso y preferís caminar como los burros...”

“Ahora ya no vives de la tierra, las cosas están cambiando. Pero yo seguiré defendiendo lo nuestro, lo viejo, lo que no debe morir. ¿Echas de menos la tierra, Roque? ¡Claro que sí!, ¡qué pregunta! Yo te devolveré a ella a la tierra, porque eres una de las víctimas. Todo será como antes.”

“Envidio el puro sentimiento nacionalista de nuestros aldeanos, que lo tienen sin tener que pensarlo o incluso sin saber que lo tienen. Nosotros, los urbanos, sabemos que tenemos ese sentimiento porque lo pensamos.”

“Don Manuel se sentía incómodo cuando había de explicar su nacionalismo. Era capaz de disertar durante horas sobre los nacionalismos en general, e incluso sobre el nacionalismo vasco, pero se parapetaba tras lo que tuviera más a mano si se le pedía o simplemente la conversación menos maliciosa acababa poniéndole en el brete de clarificar su propio nacionalismo. ¿Falta de fe? No. Precisamente lo contrario: exceso de fe. O suficiente fe. «Lo nuestro no puede explicarse con palabras», solía deslizar. Con el tiempo, averigüé que sí era capaz de explicar con palabras lo nuestro, pero no lo suyo. En eso también se exigía demasiado a sí mismo. La desarmonía entre la razón, con sus inútiles palabras, y su sentimiento lo zarandeó durante toda su vida.”

“Pues porque alguna vez, maldita sea, tendrá que ser, y como ya no es posible confiar en el pasado, sólo nos queda el futuro. Sí, alguna vez, el sacramento Patria Vasca, magnificado por los jauntxos de antes y de ahora, dejará de prevalecer sobre una clase alta de vascos explotando a otra clase baja de vascos, y esa manipulación interesada de un noble sentimiento no podrá moldear ningún barro cuando se extienda por el mundo el valor solitario de reconocer que la única patria es la humilde infancia de cada uno de nosotros.”

“Nunca había visto a don Manuel congeniando con la violencia, y eso que aún no llevaba el fusil que, horas después, empuñaría. Me contó en alguna ocasión que su madre le regaló una chimbera a sus dieciséis años, con la que disparó a un gorrión y lo mató –hasta entonces sólo había matado a un ser vivo,un txiotxu con su tiragomas siendo niño-. Quedó tan horrorizado que partió en cachos el arma que tanto había reclamado. Éste era el hombre que marchó a la Guerra a defender la libertad.”

“Los anarquistas luchan por una idea, nosotros por la tierra. Ellos con su cosa y nosotros con la nuestra, luchamos unidos contra Franco en la misma guerra. ¿Por qué otra verdad que no sea la tierra se puede luchar? Oí siempre al padre que la tierra es lo primero. «La tierra siempre será lo primero», decía. La tierra de Altubena, la de Basaon, la tierra de todos los hombres y mujeres que viven sobre esa verdad y la pisan y la trabajan de padres a hijos. Así fue siempre. No hay otro lugar en el mundo para el hombre que su tierra.”

“Roque Altube no sabe lo que es, sólo sabe que tiene que defender la tierra que pisa.”

“- La gente está cansada de la guerra, sólo quiere que se acabe- me dice.
- Las guerras no se hacen para que acaben sino para que las ganen los buenos –le digo.
- ¿Sabes tú quiénes son los buenos? ¿Con quién estaría Jesucristo? –dice.
- No sé con quién estará Jesucristo, pero seguro que no está con los que vienen a quitarnos la tierra- digo.
- Pero no se la llevarán... ¿o crees que se la llevarán bajo el brazo? No, aquí seguirá, hoy nadie quiere la tierra. Mis hijos ya trabajan también en fábricas. En la tierra se suda mucho para sacar cuatro puerros y cuatro patatas. ¿Tú sabes por qué se ha hecho esta guerra? Yo no. Los aldeanos como tú y como yo sólo entendemos de la tierra.”

Ramiro Pinilla. Los cuerpos desnudos. Segona part de la trilogia Verdes valles, colinas rojas.

3 comentaris:

Clidice ha dit...

Què complex, que proper, que llunyà, que incomprensible!

Lluís Bosch ha dit...

Del Ramiro Pinilla només he llegit "Sólo un muerto más", novel·la negra en estat pur i plena de frases brillants. M'apunto el "Verdes valles, colinas rojas" a la llista dels deures.

Comtessa d´Angeville ha dit...

No puc més que recomanar i tornar a recomanar Verdes valles,colinas rojas, ara vaig a pillar-me a la tercera part i quina pena que no hi haja més!!

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