Es tan fácil ser trasgresor, extravagar las etiquetas cuando el crecimiento, el progreso se tornan insostenibles y no queda otra que un acomodaticio conservadurismo. ¿No queda? Traseros al aire en la bisectriz de Botines y Magdalenas. Y no es provocación ni bandera gay, quizás una cierta libertad, comodidad, lógica, un prescindir de lo prescindible.
¿Por qué nos empeñamos en ver tan sólo la infelicidad, se olvida (felizmente) la infelicidad? ¿Por qué sucumbimos al absolutismo de la palabra solon off iluminando cegando?
Paso postnupcial, los alcatraces (ergo hay viento, ergo navegamos, ergo arriesgamos lo que no tenemos, lo que cuesta ganar una vida, una vida en préstamo) –cada palabra es un verso, una poesía, un libro, una mentira– se suceden las despedidas, los funerales .) –no es un smiley tuerto; quizás antes; es un punto final, un cierra paréntesis, un punto y seguido, un guión– funerales: celebración de los vivos: hegaluzeak (alas largas = bonito del Norte) en las lonjas de Lekeitio, de Santoña, que ya no volarán más, salmonetes ¡uhmmm! fondeados tras San Nicolás, erizos reventados por sus gajos naranjas futura vida, lapas horadadas ¡bestias! ¡pobres bestias! ¿qué mantenemos vivo? ¿con qué sentido? “Las heridas de la mar curan mal”: las mantiene ¿las mantiene? abiertas para que se cuele la vida, otra vida. fugaces rayos verdes a la altura de Machicaco, Ajo –una cuestión óptica– Ajo –una diminuta cuestión óptica–, el sol extendiendo sus rayos acebrados como en las puestas que dibujabas cuando crío, aitz zuri, aitz gorri, acanaladas de Mortillano, de Beriain –otra manera de verlo–, intenso azul marino en el cielo, mientras en la playa todavía ondean banderas amarillas, las gaviotas a miles todavía desparasitan a los peces luna o surfeas todavía desnudo a pesar del heladoupwelling del nordeste sobre una bandada de peces que aprovechan igual que tú la ola prístina huyendo de una sombra con quillas, una bella, letal, carabela portuguesa (docenas y docenas, de gorgoritos a gorgorazos) ¡y a nosotros que siempre se nos escapaba el gas!, el sol, la matutina brisa terral en la cara, (para que salivarais podía haber dicho off shore, take off que no se sabe dónde acabará por la transparencia de las aguas, redondeces brillando húmedas, pero esto no es para vosotros) todavía: un grito, unos segundos, una carcajada, lo que dura una lavadora, un queso de oveja sin label de Lizarraga, un risoto con setas revivido lácteo o maridado con dátiles resecos, los pastelitos, el Martini bianco, vuestros grandes reservas. TENGO el secreto: la antesala mesetaria de la felicidad.
2 comentaris:
això em pregunto jo també, perquè la pena sol ser tan negra? fins i tot quan ni cal?
Es tan fácil ser trasgresor, extravagar las etiquetas cuando el crecimiento, el progreso se tornan insostenibles y no queda otra que un acomodaticio conservadurismo. ¿No queda?
Traseros al aire en la bisectriz de Botines y Magdalenas. Y no es provocación ni bandera gay, quizás una cierta libertad, comodidad, lógica, un prescindir de lo prescindible.
¿Por qué nos empeñamos en ver tan sólo la infelicidad, se olvida (felizmente) la infelicidad?
¿Por qué sucumbimos al absolutismo de la palabra sol on off iluminando cegando?
Paso postnupcial, los alcatraces (ergo hay viento, ergo navegamos, ergo arriesgamos lo que no tenemos, lo que cuesta ganar una vida, una vida en préstamo) –cada palabra es un verso, una poesía, un libro, una mentira– se suceden las despedidas, los funerales .) –no es un smiley tuerto; quizás antes; es un punto final, un cierra paréntesis, un punto y seguido, un guión– funerales: celebración de los vivos: hegaluzeak (alas largas = bonito del Norte) en las lonjas de Lekeitio, de Santoña, que ya no volarán más, salmonetes ¡uhmmm! fondeados tras San Nicolás, erizos reventados por sus gajos naranjas futura vida, lapas horadadas ¡bestias! ¡pobres bestias! ¿qué mantenemos vivo? ¿con qué sentido? “Las heridas de la mar curan mal”: las mantiene ¿las mantiene? abiertas para que se cuele la vida, otra vida. fugaces rayos verdes a la altura de Machicaco, Ajo –una cuestión óptica– Ajo –una diminuta cuestión óptica–, el sol extendiendo sus rayos acebrados como en las puestas que dibujabas cuando crío, aitz zuri, aitz gorri, acanaladas de Mortillano, de Beriain –otra manera de verlo–, intenso azul marino en el cielo, mientras en la playa todavía ondean banderas amarillas, las gaviotas a miles todavía desparasitan a los peces luna o surfeas todavía desnudo a pesar del helado upwelling del nordeste sobre una bandada de peces que aprovechan igual que tú la ola prístina huyendo de una sombra con quillas, una bella, letal, carabela portuguesa (docenas y docenas, de gorgoritos a gorgorazos) ¡y a nosotros que siempre se nos escapaba el gas!, el sol, la matutina brisa terral en la cara, (para que salivarais podía haber dicho off shore, take off que no se sabe dónde acabará por la transparencia de las aguas, redondeces brillando húmedas, pero esto no es para vosotros) todavía: un grito, unos segundos, una carcajada, lo que dura una lavadora, un queso de oveja sin label de Lizarraga, un risoto con setas revivido lácteo o maridado con dátiles resecos, los pastelitos, el Martini bianco, vuestros grandes reservas. TENGO el secreto: la antesala mesetaria de la felicidad.
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