Batania sembla no tindre límits, ningú li ha trobat encara les fronteres. Potser la seua superfície és de mil sonets, potser només és tan gran com l’úter d’una vaca, espècie dominant del país. Pasturen elles, les vaques, per prats sembrats a l’asfalt, mengen banderes i poemaris baix l’atempta mirada d’un gos blanc. Veig al rei, sense corona ni pare lloant-li els fracassos, dins del garatge que és palau, empenyat en la conquesta del mot perfecte per poder dir-la a ella, Iratxe.
Nosaltres ací, a l’altre costat, fundant repúbliques efímeres a la sola de les botes i venent al millor postor la llet. Mirem Batania en l’horitzó, Batania que no és Albània ni Alemanya, no és Euskadi ni és Espanya. Batània com Baratària, la promesa de l’illa que mai xafarem.
"El miedo que tengo al espacio. La gente de ciudad no tiene miedo al espacio. La gente de ciudad vive en pisos con nombres como 3º B, 7º IZQ, 10-6..., nombres fríos y exactos, nombres masculinos, pues los números son machos, eso lo sabe todo el mundo. Para luchar contra ese desnatural le propuse a Iratxe llamar al nuestro Pasiega, nombre de vaca, y así se llama ahora mi piso de alquiler, Pasiega, vaca carranzana que tuve en mi adolescencia, la más longeva que conocí, la más lechera y traviesa de todas. Aunque los de Vodafone no quieran enterarse y continúen mandando todas las cartas al 2º DCHA. Iratxe dice que estoy mal de la cabeza, claro, pero ella procede de Basauri, otra ciudad. Qué coño va a saber ella del miedo al espacio.
Los campesinos de Lauros siguen hablando con los caseríos. La última vez que lo vimos antes de morir, mi vecino Juan se despidió de nosotros diciendo "me voy a hablar con la casa". Mi caserío se llamaba Astobieta y aún, en la última ocasión en que estuve, los vecinos me paraban y me decían mutille, tú eres Astobieta, cómo se nota que eres Astobieta. Pocos vecinos me llamaban Alberto, algunos ni siquiera conocían mi nombre. Me decían Astobieta o me llamaban por mi apellido, que es también otro espacio: Basterrechea significa en castellano "casa de la esquina". Cuando alguna vez me han preguntado qué clase de nombre es Batania, si de barco o de poeta saboyano, siempre respondo: es un nombre de país, de espacio. Puse especial cuidado en que se pareciera a Alemania, Albania, Catania, Renania... Yo no soy de Euskadi o España, esos dos espacios me dan miedo, son demasiado grandes. Por más que hablen en mi nombre, jamás tendré nada que ver con ninguno. Por eso fundé a Batania, para salvarme de ellos, para luchar contra el miedo, para hacerme mi propio país, mi propio lugar, mi espacio."
Per Neorrabioso a Batania
Ovelles de Noruega, pa que no tot siguen vaques
Batania parece no tener límites, nadie le ha encontrado todavía las fronteras. Quizá sea su superficie de mil sonetos, quizá sólo es tan grande como el útero de una vaca, especie dominante del país. Pastan ellas, las vacas, por prados sembrados en el asfalto, comen banderas y poemarios bajo la atenta mirada de un perro blanco. Veo al rey, sin corona ni padre alabándole los fracasos, dentro del garaje que es palacio, empeñado en la conquista de la palabra perfecta para poder decirla a ella, Iratxe.
Aquí nosotros, al otro lado, fundando repúblicas efímeras en la suela de las botas y vendiendo al mejor postor la leche. Miramos Batania en el horizonte, Batania que no es Albania ni Alemania, no es Euskadi ni es España. Batania como Barataria, la promesa de la isla que nunca pisaremos.
"El miedo que tengo al espacio. La gente de ciudad no tiene miedo al espacio. La gente de ciudad vive en pisos con nombres como 3º B, 7º IZQ, 10-6..., nombres fríos y exactos, nombres masculinos, pues los números son machos, eso lo sabe todo el mundo. Para luchar contra ese desnatural le propuse a Iratxe llamar al nuestro Pasiega, nombre de vaca, y así se llama ahora mi piso de alquiler, Pasiega, vaca carranzana que tuve en mi adolescencia, la más longeva que conocí, la más lechera y traviesa de todas. Aunque los de Vodafone no quieran enterarse y continúen mandando todas las cartas al 2º DCHA. Iratxe dice que estoy mal de la cabeza, claro, pero ella procede de Basauri, otra ciudad. Qué coño va a saber ella del miedo al espacio.
Los campesinos de Lauros siguen hablando con los caseríos. La última vez que lo vimos antes de morir, mi vecino Juan se despidió de nosotros diciendo "me voy a hablar con la casa". Mi caserío se llamaba Astobieta y aún, en la última ocasión en que estuve, los vecinos me paraban y me decían mutille, tú eres Astobieta, cómo se nota que eres Astobieta. Pocos vecinos me llamaban Alberto, algunos ni siquiera conocían mi nombre. Me decían Astobieta o me llamaban por mi apellido, que es también otro espacio: Basterrechea significa en castellano "casa de la esquina". Cuando alguna vez me han preguntado qué clase de nombre es Batania, si de barco o de poeta saboyano, siempre respondo: es un nombre de país, de espacio. Puse especial cuidado en que se pareciera a Alemania, Albania, Catania, Renania... Yo no soy de Euskadi o España, esos dos espacios me dan miedo, son demasiado grandes. Por más que hablen en mi nombre, jamás tendré nada que ver con ninguno. Por eso fundé a Batania, para salvarme de ellos, para luchar contra el miedo, para hacerme mi propio país, mi propio lugar, mi espacio."
Por Neorrabioso en Batania
2 comentaris:
espectacular! un blog important aquest, gràcies :)
No des de Batania sinó des del buit dens de l'altiplà de la Catalunya Central, et dic: gràcies!
Sóc a Cal Sala -un gran mas amb ermita, cementiri i WiFi- on no hi viu ningú que es digui Sala, només Bonsfills; com l'Assumpció, una dona admirable com poques...
Aquí és on m'han arribat, nítides, les consignes memorables del Neorrabioso. Librame del adrede un cop llegit això saps que et quedarà per a sempre.
Gràcies pel trasbals!
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