No gaudia tant del matinar des de que vaig deixar ma casa enfront la mar. Allà valia la pena (lo que ha dolido es una hierba/ que no termina de crecer) alçar-se abans que el sol només per vore els colors que es pintaven damunt l’aigua. Ací, acostumava, fins fa poc, a ser de nit quan em despertava. Ara que l’hivern va acabant-se i poc després de les sis del matí la claror ja inunda el bosc, poc m’importa no tindre res que m’obligue a eixir del llit, però ho faig gustosa, moguda per una mena d’urgència vital que em crida a l’orella eixe tòpic llatí que em trastoca l’existència, una necessitat d’aprofitar segons minuts hores en activitats que al remat acaben per ser més improductives que dormir però que em fan sentir millor.
Sabia des d’anit que hui tindria el matí pràcticament lliure. La impressora abans d’anar a dormir va abocar desenes de poemes al paper que vaig deixar damunt la taula de la cuina; tot enllestit per a omplir de lletres les primeres hores del dia. El café, el fum eixint de la tassa, el reflexe cegador de la neu. Aixina he fet, aliena a les notícies que des d’allà apleguen, aixina se m’han fet les onze i amb elles deixar a Gelman, aixina amb els seus versos volant-me per dins he anat cap al poble a comprar gallines, pollastres, conills i un pintallavis roig. Donar-li solta a la frustrada vocació de perfecta ama de casa, arreglar el corralet i fer una coca amb xocolate.
Planejar el cap de setmana, tornar a fugir allà on no nien les grues. M’assentava ara front a la pantalla a buscar destins, rutes i camins que es deixen transitar. La coca al forn escampa per la casa l’olor de rent i xocolate, un d'eixos olors que alimenten la nostàlgia, però si un travessa la porta ve amb intensitat l’aroma d’excrement de vaca, trenta-cinc caps caguen molt. Òbric el correu, la notícia: ha mort Miguel Delibes.
No disfrutaba tanto del madrugar desde que dejé mi casa enfrente del mar. Allí valía la pena (lo que ha dolido es una hierba/que no termina de crecer) levantarse antes que el sol sólo por ver los colores que se pintaban encima del agua. Aquí, acostumbraba, hasta hace poco, a ser de noche cuando me despertaba. Ahora que el invierno va acabándose y poco después de las seis la luz ya inunda el bosque, poco me importa no tener nada que me obligue a salir de la cama, pero lo hago gustosa, movida por una especie de urgencia vital que me chilla en la oreja ese tópico latino que me trastoca la existencia, una necesidad de aprovechar segundos minutos horas en actividades que al final acaban por ser más improductivas que dormir pero que hacen que me sienta mejor.
Sabía desde anoche que hoy tendría la mañana prácticamente libre. La impresora antes de irse a dormir abocó decenas de poemas en el papel que dejé encima de la mesa de la cocina, todo listo para llenar de letras las primeras horas del día. El café, el humo saliendo de la taza, el reflejo cegador de la nieve. Así he hecho, pasando las páginas sin quitarme los guantes, ajena a las noticias que desde allá abajo llegan, así se me han hecho las once y con las once dejar a Gelman, así con sus versos volándome por dentro he ido hacia el pueblo a comprar gallinas, pollos, conejos y un pintalabios rojo. Darle rienda suelta a la frustrada vocación de perfecta ama de casa, arreglar el corralito y hacer una torta con chocolate.
Planear el fin de semana, volver a huir allá donde no aniden las grúas. Me sentaba ahora frente a la pantalla a buscar destinos, rutas y caminos que se dejen transitar. La torta al horno escampa por la casa el olor de la levadura y el chocolate, uno de esos olores que alimentan la nostalgia, pero si uno atraviesa la puerta viene con intensidad el aroma de excremento de vaca, treinta y cinco cabezas cagan mucho. Abro el correo, la noticia: ha muerto Miguel Delibes.
5 comentaris:
No sé si he sido yo el heraldo, pero de ser así, sepas que me acabo de sumar a la borrachera con Mery, por si sirve de desagravio.
Ya soy mayor...¿Por qué me ha entristecido tanto la muerte de ese desconocido si me queda lo que de él me importa, que son sus libros? ¿Por qué tan triste?
Pues espera que ahora no sabría decir si el heraldo has sido tú u otro de los comentarios en la entrada anterior (tienes respuesta), pero una de las dos, o tú o Eme, habéis sido el heraldo al ser lo primero que he visto en el correo. Luego los periódicos, los otros blogs... pero lo primero ha sido HOSTIA, en leer vuestros dos comentarios, Eme me dice QUE S'HA MORT EL DEL NINI I EL TIO RATERO, y ya esto que piensas joder. Mi amigüito finlandés tiene pena también sin haberle leído nada, el pasado fin de semana no callaba yo ni bajo el agua hablándole de Las ratas... Y sí, por qué tan triste... yo qué sé.
Suena todo maravilloso, invitas a soñar con que llegue para mí un día igual, que lo tengo casi al alcance de la mano, pero el tiempo pasa lento cuando estás deseando que pase. Un error desear que pase el tiempo, pero estoy inmersa en unas tardes largas y tediosas, desbordantes de trabajo por culpa de las fiestas de la magdalena y ando ya contando que sólo quedan dos días para volver a ser libre!!.
Lo peor, sin duda, que se ha ido Miguel Delibes.
Un abrazo Comtessa, es un placer leerte.
Deu ser bonic llevar-se així. Admiro els que ho feu i en gaudiu.
Lorena yo también he andado un poco desbordada durante la semana pero suerte del fin de semana y tres días de ser libre. Un placer tenerte por aquí y ánimos que calculo que no tardará en volver la paz a Castellón.
Marta tot és provar-ho! (provar-ho i que t'agrade). Matinar em semblava una tortura, però ara mira. No sé, supose que resulta molt fàcil, plaenter inclús, quan tens un bon motiu per a no quedar-te al llit (fins i tot si al llit tens també bons motius per a quedar-te).
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