Reconec que abans de vindre els meus coneixements sobre literatura equatoriana eren zero. Casualment, poc abans de vindre-me’n, aparegué al recomanable blog Moleskine Literario un article sobre literatura equatoriana d'ara que tampoc em resolia massa dubtes però que me donava alguna dada més.
Comprar llibres per ací no és fàcil (no parle d’Equador en general, que no tinc ni idea, parle de la zona on estic, que ací el que és fàcil comprar són vaques, pavos, porquets, gallines, haques, patos, conills...), i l’única cosa que s’assemblava mínimament al concepte que tinc de llibreria va ser un xicotet racó a un hostal per a viatgers estrangers on qui volia deixava o intercanviava els seus llibres. Resultat: mogolló de bestsellers en anglés, moltes guies de viatge i poca cosa del terreno. I poesia d’escriptors equatorians? Li vaig preguntar a la dona. I sí! En un cantonet a prop del la secció d’autoajuda (també increïblement nombrosa), allà tres llibres m’esperaven, tres i no més i a preu llibreria de segona mà, per sort, perquè dos d’ells mà que són pa reballar-los. Tenia un interés especial en saber si existeix una producció literària en kichwa, i en eixe cas, si hi havia alguna edició bilingüe de lo que fora, però al lloc este no m’ho van poder aclarir. Igual té també perquè esta setmana que entra me la vull dedicar majorment al kichwa.
Tornant als tres llibrets de poesia que em vaig emportar, el primer és d’un tal Nelson Villacís, TARTAMUNDO, editat per Página Cero al 2004. El tal Villacís este es coneix que és un poc flipat, hi ha pintures seues a algunes pàgines i no sé si m’han agradat encara menys que els poemes. Diu d’ell: Reconocido también como pintor, guionista, actor y director de teatro. Instructor de diversas técnicas de meditación y facilitador místico. Más allá de la erudición es un provocador de hondas reflexiones cósmicas. Nyas, coca! I a una de les solapes hi ha la foto d’una xicona nueta tota pintà de colorins, obra d’ell posa. Ni un poemeta destacable, només dos versos se m’han quedat i no per la seua qualitat literària:
“Con esa misma boca que hoy me insultas,
me besarás mañana.”
El segon és d’un jovenet que té un nom molt llarg, Aníbal Fernando Bonilla Flores, i que no va de místic com el d’abans, cosa que s’agraeix, però que trellat, lo que es diu trellat, pos tampoc en trau massa. Del seu poemari Canto nocturno, editat al 2000 per b@ez.oquendo.editores no me s’ha quedat res més que els dibuixets de cuixarres que apareixen, cuixes i caderes d’eixes potentes, de dones paridores i amples, cosa que me mola per identificació més que res perquè pa altres coses de cuixes pos preferisc les d’un home.
I el tercer exemplar, este sí que m’ha molat, és una antologia, “Poesía viva del Ecuador” (encara que més de la meitat dels que apareixen ja s’han mort) a càrrec de Jorge Enrique Adoum (este sí que me sonava d’abans d’alguna cosa, no sé si perquè li he llegit algun llibre o perquè me l’he trobat a alguna biografia o algo de Pablo Neruda, de qui va ser secretari, m’incline més que el nom em sone per això, però no sabia que era equatorià), del que val la pena haver pagat només per la introducció, tota una revelació per a ignorants com servidora en el que s’ha fet en matèria poètica per estes terres i completa llista de nous títols que tocarà adquirir si és que trobe algun lloc on fer-ho La primera edició data de 1990 i recull bona mostra de la poesia equatoriana al llarg de tot el segle XX. Els deixe la meua selecció:
VAS LACRIMAE, Arturo Borja (el xic este se va suïcidar amb vint anyets)
La pena… La melancolía…
La tarde siniestra y sombría…
La lluvia implacable y sin fin…
La pena… la melancolía…
La vida tan gris y tan ruin.
La vida, la vida, la vida!
La negra miseria escondida
royéndonos sin compasión
y la pobre juventud perdida
que ha perdido hasta su corazón.
¿Por qué, Señor, esta pena
siendo tan joven como soy?
Ya cumplí lo que tu ley ordena:
hasta lo que no tengo, lo doy…
Emoción vesperal, Ernesto Noboa y Caamaño
Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día.
Emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar, no descubierto
por ningún navegante todavía.
Aunque uno sepa que hasta los remotos
confines de los piélagos ignotos
le seguirá el cortejo de sus penas,
y que, al desvanecerse el espejismo,
desde las glaucas ondas del abismo
le tentarán las últimas sirenas.
Lo tardío, Medardo Ángel Silva (este també se va suïcidar amb vint anys, i este poema m’ha agradat especialment)
Madre: la vida enferma y triste que me has dado
no vale los dolores que ha costado;
no vale tu sufrir intenso, madre mía,
ese brote de llanto y de melancolía.
¡Ay! ¿Por qué no expiró el fruto de tu amor,
así como agonizan tantos frutos, en flor?
¿Por qué, cuando soñaba mis sueños infantiles,
en la cuna, a la sombra de las gasas sutiles,
de un ángulo del cuarto no salió una serpiente
que, al ceñir sus anillos en mi cuello inocente
con la flexible gracia de una mujer querida,
me hubiera libertado del horror de la vida?...
¡Más valiera no ser a este vivir de llanto,
a este amansar con lágrimas el pan de nuestro canto
al lento laborar del dolor exquisito
del alma ebria de luz y enferma de Infinito!
Epílogo, Miguel Ángel León
Vivo como en un jardín entre los escombros
de mi juventud sin historia:
todo lo he borrado con una alzada de hombros
y amo más a mi perro que a la gloria.
El dolor, en mi pecho, el dolor ya no vive:
todos los velos cayeron ante mis ojos claros;
mi corazón es un papel rugoso donde escribe
un muchacho travieso versos locos y raros.
Y he de morir joven. Es tan triste esperar
que por falta de aceite se termine la lumbre;
para mí la vida es como una costumbre
que hoy, mañana -¿quién sabe?- la habré de abandonar.
Lluvia, Aurora Estrada y Ayala
No me siento la cara,
ni las manos,
ni el alma.
Sólo la angustia
y el violín vertebral que desgarra una bruja.
Nada saben los que de mí nacieron,
planetas girando en sus propias órbitas.
Y yo,
quemándome en un mundo de hielo.
Llevo en los brazos mi propia pena
como a un niño dormido.
Y la aprieto para nunca olvidarla,
sin dejar que mi fuego la convierta en ceniza.
Si alguien me toca,
pensaré en una ánfora,
quemándose sobre arenas soleadas,
pero tengo frío…
¿Omar Khayyam, bebiste todo el vino?
Tengo sed. Tengo sed.
Y no hay viento de bosques
ni rumor cristalino.
Por cada poro una garganta abrasada
y las nubes lejanas.
No me siento la cara.
Sólo dos pozos locos,
gritando: ¡Lluvia! ¡Lluvia!
Todo lo que soy, Hugo Mayo
Soy delfín en los mares de la espera
Mi obscena careta que agoniza
tiene la piel madura
Si la ato a las dos sílabas del miedo
la oración es un silencio
Veo pedazos de tiempos insepultos
en las horas que vienen madrugadas
Y sé que no pude robar una sonrisa
Que llevo en mis bolsillos
monedas de inquietudes
Que mis pies vestidos de sandalias
pisaron la esperanza
Y regañé muchas veces al destino
Y oculté en la tiniebla desolada
mis propias iniciales
El agua que me baña me lastima
-el agua es el refugio de mi huida-
Y aunque me niego en pleno día
un absurdo recado me limita
Habito en la caída del relámpago
y almaceno la lluvia
El visitante de niebla, Jorge Carrera Andrade
Sepultura del tiempo,
dejé en ti mi cadáver de veinte años
bajo tierra de flores y amuletos
y cáscaras de días devorados.
Amuleto de amor fue la manzana,
amuletos la luz, la llave, el barco,
la gaviota y el pez, dispensadores
de una vida sin nubes, viaje mágico.
Le vestí a mi cadáver de estaciones
y sobre la guitarra del pasado
recliné su cabeza vendada de ciudades
lucientes como bálsamos.
Puse a su lado nombres de otras épocas,
los rostros ya de sombra enmascarados
y le dejé vivir su larga muerte
en un clima de lluvia, de maíz y caballos.
La tierra memorable cede ahora.
¿Joven mío, no estás bien sepultado?
¿Tu mano es esta mano que se mueve
buscando entre las ruinas esqueletos de pájaros?
Visitante de niebla
venido de un país de fechas y retratos:
Te sientas a mi mesa nodriza y hortelana,
vestido unos instantes con el traje de ocaso.
Fantasma familiar, compareces al punto
por un signo, una voz o una forma llamado.
Sólo un caballo y una rosa guardan
tu sepultura de años.”
El almirante que envejeció en la tierra, José Alfredo Llerena
Este momento un cabo de mar concluye en un lejano sur de mariposas,
donde estoy preguntándome
qué puede hacer un bisonte que se siente dueño de la Osa Mayor;
qué puede hacer el almirante de una tripulación sin océano,
sino pensar en los girasoles, en los urbanos dinteles, en las esquinas de la tierra.
¿Qué puede hacer, fuera de sacarse las insignias para canjearlas por canciones,
o enajenar la proa de su buque
a cambio de un onomástico de sauces en el calendario de los batracios
y pasearse por el suelo de las ciudades, sintiéndose dueño de un pedazo de esquina,
sintiéndose cerca de agua dulce que evaporan los cigarrillos en el cinema,
si de su pipa podían nacer Cristóbal Colón y sus carabelas.
En la tierra podía recordar con frescura
el nombre de aquel ladrón de joyas que se puso a rondar una estrella,
y de aquel otro mercader de Eneas que soñaba con recabar todo el volumen negro de una tarde.
Quería estar lejos del mar,
lejos del agua de los erizos
y de los maceteros de neptunos acuáticos.
Quería olvidar que Wallace Beery se llevó la lente más grande de Saratoga con su muerte.
Hallaba mejor la vida a pocos pasos de las vitrinas,
a pocos pasos de esas señoras de cuyos ojos nacen tempestades amarillas,
de esa que hizo con sus anillos una cosa parecida al delta del Nilo.
En los ojos del almirante
se ha apagado esa voz de “aguas arriba”.
No volverá a viajar por los mares
ni querrá cambiar su sombrero de tierra por una isla.
Mujer del mar, Pedro Jorge Vera
Era toda del mar. Desde la honda
raíz del hueso hasta el reluciente
pétalo en que la piel triunfal remata.
Las algas que poblaban su cabello
mecíanse al impulso de la brisa
marina de su aliento. Por su cuello
descendía en raudal la conchaperla
hasta la playa brava de los hombros.
Era toda del mar. Ola en su cuerpo
horizontal, agónico o enhiesto.
Ola en sus labios de molusco. Ola
en sus pechos potentes como proas.
Ola en sus muslos ebrios. En su vientre
donde el coral su orfebrería instalaba.
Ola en su corazón. Ola en sus venas.
Era toda del mar. Sus dos pupilas
eran agua de mar adormecida.
Al puerto de su boca yo arribaba
como un lobo marino presentido.
Me mordían sus dientes insurrectos
con la furia tenaz de los ahogados.
Sus manos eran dos gaviotas ávidas
cayendo heridas en mi arena muerta.
Y sus uñas entraban en mi carne
como arponazos, como anclas nocturnas.
Era toda del mar. Mis carabelas,
en su sangre por rayos sacudida,
descubrían nuevos continentes.
Ciegas las golondrinas acudían
a inflamarse de mar en su mirada.
Estatua de agua, y sal, y sangre, y viento,
el mar la acompañaba como un perro.
Era toda del mar. Como en las noches
en que el marino crea los siete mares
las estrellas cantaban a su paso.
Los grandes ríos de mi pasión salvaje
morían en su océano tumultuoso.
Ella era el temporal y el arco iris.
Ella era el sur y el norte de mi brújula.
Era toda del mar. Viejos tesoros
dormían en sus regiones submarinas.
Sus islas solitarias amparaban
misteriosas imágenes de niebla.
La rosa de los vientos desbordaba
su verde corazón aventurero.
Y sus palabras truncas me llegaban
como el eco de las antiguas caracolas.
Era toda del mar. Ante su embrjujo
quemé mis naves y rompí mis flechas.
País de libertad, país de muerte,
entregado a tus aguas sin remedio,
escribí en mi diario abandonado:
“¡Marineros, al mar, hasta la muerte!”
Era toda del mar inexorable.
Era toda del mar incontenible.
Y porque era del mar, del mar eterno,,
una mañana, con las velas altas
y sin mirar atrás, volvió a su reino.
Los profundos regresos, Alfonso Barrera Valverde
Pero siempre la vida. Pero siempre.
Salgo por las mañanas
olvidando la llave, los recuerdos
y al voltear una esquina me sorprendo
tremendamente solo,
mas siempre sobrando uno,
mas siempre faltando uno.
Esa, la vida igual y sin remedio.
Por la calle y la puerta conocida,
pensando en ti y a ratos olvidándote.
Cuando vuelvo de noche, ya sin tiempo,
camino de mi cuarto y de tu nombre,
me duelen los hermanos en el olvido,
compañeros de banca, de protesta,
de lluvias, de lección y de pisadas.
Y en la delgada calle y en el viento
que se deja llevar por una mano
y en ese poco de alma que es la música
filtrada por la luz de una ventana,
los hombres, nada más, siempre los hombres,
la vida, nada más, siempre la vida.
Y comprendo a los hombres. Y les amo.
Y comprendo a la vida. Pero la amo.
Aritmética, David Ledesma Vásquez (este se va suïcidar també, amb vint-i-set anys)
Me decían los chicos de la escuela:
-Aprende la aritmética.
-David, estudia la aritmética…
-Tú no sabes aritmética. ¡Eres tonto!
Me gritaba mi padre diariamente:
-Estudia la aritmética,
¡aprende la aritmética!...
Si no sabes la tabla de sumar,
no irás al cine el domingo,
ni al carrousel, ni al foot-ball…
Hay que saber que dos y dos son cuatro
para poder vivir.
Me rogaba mi madre, entristecida:
-Aprende la aritmética,
estudia la aritmética:
si no sabes restar y dividir
no tendrás un futuro,
ni dinero, ni casa, ni amigos, ni coche…
Y no aprendí las tablas de aritmética.
Ni he logrado el futuro, ni el coche, ni el amigo;
pero he tomado todos los dones de la Vida,
gozándolos intensa y plenamente.
El plumero, Violeta Luna
El tiempo del plumero ha sido corto.
Esos tinteros negros
con su papel secante no han durado.
Posiblemente vuelvan
al cabo de otro siglo y otra moda.
Nosotros sin embargo
con esta misma cara y estos sueños
jamás regresaremos.
Tal vez han de volver als viejas cosas:
la tinta verde obscura
y el uso de las góticas mayúsculas.
Tal vez regrese el trompo,
la piedra de moler o el fresco pozo,
nosotros sin embargo
con nuestro amor de yerba
y nuestras iniciales de mortiño
ya no nos amaremos.
Tan sólo para el hombre
fracasa el reencuentro.
No hay doble itinerario
ni dos adolescencias transparentes.
Hay sólo un tren de ida
y un silencioso estribo.
No hay viajes de regreso
ni la ocasión segunda y oportuna
para decir al menos
perdón, adiós o gracias.
Primer tiempo, Iván Oñate
Recordar el ayer, es
otra de las habituales bromas
que el tiempo
suele ofertar
en la sala de los espejos. Recordar,
la juventud compartida
entre grandes males
que ignorábamos entonces. La certeza
de que algún día
llovería fuego, pero había tiempo.
Tiempo para reír,
tiempo para el amor, ¿y por qué no?
Para el mismísimo dolor
que en ese entonces,
era otra forma de ser felices.
Elegía a uno mismo, Jorge Enrique Adoum
La edad se ha vuelto enfermedad venérea
y casi casi cobardía: años de años
desperdiciados en durar; mucho tiempo bocabajo
sobre la duda, ya gastados los dientes
por los besos y hablar tanto, en los ojos
un asno de frecuente alcohol. De pronto encuentras
que para el último episodio, el único
de este western salvaje y electrónico
en que van a ganar por fin los pielesrojas,
no basta la feroz dignidad de tus testículos
si no estás con todos tus resortes vivos
y no te basta, como antes a los otros,
ir recogiendo firmas con tu profecía ni el cobardo
heroísmo de los solitarios en viciosas
sesiones de principios, ni te consuela
decirle al corazón que al fin y al cabo
te protesta; Ve tú, músculo voluntario,
vestido de hojarasca, sería broma lo demás;
dirán que me envía el enemigo. Y te quedas,
anacrónico e hijo de vecino,
carajeando a James Bond en tu sillón de ruedas,
con tu hígado malo y tu aspirina
conyugal inútil, y tu decoro
tiene un dolor de cabeza
respetable, urbano, incorruptible.
La veritat és que de Jorge Enrique Adoum m’han agradat molt tots els poemes que apareixen a l’antologia, aixina que els en deixe tres més:
Pasadología
a contrapelo a contramano
contra la corriente
a contralluvia
a contracorazón y contraolvido
a contragolpe de lo sido
sobreviviendo a contracónyuge
a contradestino y contra los gobiernos
que son todo lo absurdo del destino
a contralucidez y contralógica
a contrageografía (porque era
contra pasaportes dictadores continentes
y contra la costumbre
que es más peor que nuestros dictadores)
contra tú y tus tengo miedo
contra yo y mi certeza al revés
contra nosotros mismos
o sea contratado
y todo para qué
Recuerdo de la bella
después de añísimos de quizases talveces ojalases
no quedan sino porqués nuncamases y tampocos
ya jamásmente la ísima
ya sólo la escorpiona
parasiempremente no sida
el puro postamor casi inamor amortajado
en la subalma o la desvida
diciembremente terminado
Postales del trópico con mujeres
X
cuando fue a comprar cigarrillos para espantar el miedo
se encontró antes de hora con su mujer la suya cotidiana
que volvía doble ristra de cabellos y de peces en la espalda
así ensayaron en la tarde el rencor conyugal para la noche
por haber sido macho y hembra para siempre machihembrados
y hoy caja y espiga ya desensamblados en la misma cama
pero al ver que seguía esperando en la cornisa
el escuadrón inmóvil de gallinazos en ayuno
comprendieron que había vivido un día más la mula
tirada en el cañizal con su esqueleto
a lo lejos ladró el perro a la muerte ladrona
y él volvió a presentirse cuerpo sin dueño despojo devorable
para la congregación carnicera que acechaba el desecho
“es or mí –dijo- haría bien en ir a recoger mis pasos”
y latigueados por el malagüero ambos se embuenecieron
(“no creas –dijo ella- yo también sentí templárseme la sangre
como si hubiera ido a parir de adentro mi cadáver”)
los dos queriendo quererse todavía lo que quede de tiempo
acariciar la mejilla del otro como cuando aún era lámpara
y se veían la mano a contraluz del llanto
pero se tocaron los dedos nomás con timidez de ciegos
avergonzados por esa infidelidad que iban a cometerse
6 comentaris:
crida a casa
Li confessaré que no m'he llegit els poemes (tinc dificultat amb la poesia quan apareixen més de quatre versos seguits), però la seva introducció m'ha fet molta gràcia: estic enamorat de la seva prosa.
No sé si responde a tu selección o a que es un tema omnipresente entre los poetas ecuatorianos (de los cuales desconozco absolutamente todo), pero me sorprende tanta reiteración en el concepto de la vida como pesada carga, el anhelo de la propia muerte... Afortunadamente no todos fueron tan consecuentes como Borja, Silva y Ledesma porque en otro caso la poesía del Ecuador se reduciría a producciones juveniles lo cual, por brillantes que sean, no deja de ser una limitación.
Un petó
Te he dejado un regalo en http://jonkepa.wordpress.com/2009/10/19/premios/
Saludos.
Vaya, menudu curro de transcripció!
...però prefereixo lu de la pilota equatoriana a la poesia equatoriana. Els jaiets aquells barallant-se per seure's al seu costat m'han arribat més que no pas aquestes tonelades de versos que no m'he acabat de llegir...
¿què tal els viatges al labavo? ¿millor?
Òndia... aquest pastoreta equatoriana sembla sortida de l'Anatòlia.
Ah... i més que un post sembla un antologia poètica.
Em sembla que faré un copiar-enganxar.
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