
"Que ya no le pone ponerse tanto y escurre las palabras y escurre el bulto y arrastra las pisadas y escupe al suelo. Que ya no le pone ponerse tanto, pero tanto el mambo, pero tantas ocasiones que ponen manto al pitido en los oídos, a la rima fácil, al desencanto. Que ya no le pone ponerse tanto, ni el canto de las sirenas, ni las discotecas buenas, ni las malas, ni las tascas. Que ya no le pone, que ni fue tanto. Que sabe de sobra del último barco, qué si no lo coge, qué si cuesta tanto.
Que ya no le pone ponerse tanto. Hoy y aquí lo sabe. Porque sabia es la mañana naciente de la noche no dormida. Por el miedo de los huesos al dolor de la caída. Porque perdió la partida de los últimos diez chistes. Por aquella noche vieja, porque no fueron embustes, que sabe que tiene fuste para subir la montaña. Por el campo no pisado.
Que ya no le pone ponerse tanto. Suspira para adentro y también aspira. Con polvo que lleva olor a despedida.
Siempre son tan largas las despedidas."
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