dilluns 27 de juliol de 2009

Qui era la Comtessa d'Angeville


Després de tancar el blog que va precedir a aquest, difunta cassalleta, NADNA va dedicar-me (més que a mi, a la comtessa a qui vaig furtar el nom) una emocionant entrada, ABRIENDO VÍAS. Com que m’agradà molt el que va escriure i explica ben bé qui era aquella senyoreta, em permet reproduir ací les seues paraules, per a que coneguen una miqueta més a l’amiga Henriette. Espere que els queden clars els motius que vaig tindre per a triar-la com a alter ego.


"Mademoiselle Henriette, Comtesse d’Angeville, nació para la Historia – para esta historia – el año 1838 en el que a la edad de cuarenta y cuatro decidió y logró llegar la cumbre del Montblanc, y no por el dudoso honor estadístico de ser la primera mujer en hacerlo, puesto que se le había adelantado una campesina natural de Chamonix y llamada Marie Paradis, sino por la manera en que lo hizo.

Mme. D’Angeville, en su condición no solo de condesa sino de miembro destacado de la alta sociedad y de los salones del París de la restauración, prescindió de cualquier veleidad montañera o deportiva y organizó una expedición que necesitó de doce porteadores para acarrear la impedimenta mínima adecuada para una señora. Entre otros adminículos, como una inimaginable bañera de campaña o una fiambrera con manjar blanco para su solo uso privado, gran parte de los bultos contenían las vituallas imprescindibles: sesenta botellas de vino ordinario, seis botellas de Burdeos, diez de Borgoña, quince de St-Jean, tres de brandy, dos de champán, una de sirope de arándanos y seis de limonada, veinte barras de pan, diez quesos, seis tabletas de chocolate, seis paquetes de azúcar, cuatro de prunas y de uva, dos de sal, seis limones… Se permitió ser menos estricta con la cuestión del vestuario y eligió un estampado de cuadros para su traje de escalada, con pantalones anchos, abrigo largo, una gran boina con una pluma mayor todavía y una larga boa negra. Así, tras una ascensión en la que no faltó un momento lo suficientemente penoso como para que la Condesa vislumbrara su propia muerte y demostrara su templanza rogando a sus guías que, si acaecía tan luctuoso hecho, tuvieran la bondad de llevar su cadáver hasta la cumbre, Henriette d’Angeville pisó por sí misma la cima del Montblanc. Su equipo se completaba – no lo he dicho – con su cuaderno de escritura y su correspondiente escribanía, lo que le permitió tomar las notas necesarias para escribir a su vuelta a la ciudad de la luz su libro “Mi escalada al Montblanc”.

No sorprende que tuviera que enfrentarse a una cierta incomprensión de su tiempo, aunque fuera acompañada de una suficiente dosis de fama social y consecuente grado de maledicencia. Sí es más sorprendente la animadversión que su gesto – no digo gesta – continúa despertando en la literatura que trata esa práctica que llamamos montañismo. Es casi unánime la opinión de que se trató de una excentricidad, casi de una rabieta de niña mal criada producida por sus celos hacia George Sand; todos los autores coinciden en señalar la heterodoxia de la expedición, la supuesta ridiculez del carácter de Henriette, absolutamente vana, desubicada, pretendiendo reproducir un salón elegante entre los Alpes y recurren cuando menos a la sorna para referir lo que consideran una mera anécdota, un paréntesis en la verdadera historia – o Historia – del Montañismo (Claire Elaine Engel, en su “A History of mountaneering in the Alps”, llega a la crueldad definiéndola como “a spinter who loved Mont Blanc because she had nothing else to love”. Me pregunto que parte de su biografía, que desconozco, impulsa a la señora Engel a ese desprecio por las solteras).

A mí, en cambio me parece que Henriette d’Angeville se limitó – es, de nuevo, una manera de hablar – a ser ella misma, a actuar de acuerdo a lo que su voluntad, su criterio y sus gustos marcaban, prescindiendo por completo de una consideración tan superficial como el qué dirán, huyendo de los caminos marcados por otros, afrontando quizás la incomprensión e incluso el ridículo (aunque la cantidad y calidad del alcohol etílico elegido, la bañera y la pluma y el papel indican un grado de civilidad extraordinario que compensaría, a mi entender, cualquier otra consideración).
"

9 comentaris:

ramon ha dit...

:)

zel ha dit...

Bé, sort que ho expliques, jo ni idea, ara, la senyota tenia el seu què, eh?

Nadna ha dit...

Je! Comtessa,

Te dejo aquí el comentario porque puedes leerlo y borrarlo... o si no se autodestruirá en quince segundos... Solo dos cosas: toda una honra aparecer en el Zauerberg (Y una ilusión, de verdad); y mucha modestia por tu parte, la parte interesante de la mirada era la final... Qué!.. ¿Que no? ;)

Un petonàs.

Allau ha dit...

Comtessa, ara que la torno a tenir enllaçada, un consell (que no em farà cas ja ho sé). Quan decideixi tancar aquest bloc, no el destrueixi, només tanqui l'accés del public i torni'l a obrir quan li roti, que té els seus lectors ben marejadets amb aquesta dansa d'adreces...

Anònim ha dit...

I would like to invite everyone who visits this blog to Poland, to Toruń, I am sure You will like it crazy Spanish people, especially Agueda's friends. Anyway , I am afraid of You now... Aggie

Comtessa d´Angeville ha dit...

FUCK AGGIE!!! Are you using my blog to do tourist promotion of Poland???? Jajajajaja, you're affraid of me?? Fuck, leave your computer and we're going to have a dinner!! You will know my friends, don't worry, we will be wait you in september or october!!

Comtessa d´Angeville ha dit...

My english is worst every day, the right way for write the sentence that I wrote after Jajajajaja would be ARE YOU AFRAID OF ME? More or less, well, it doesn't matter, I'm sure that you understand me xD

(fuck, I must to improve my dirty-bad-fucking-disastrous-ununderstandable english)

La raTeta Miquey ha dit...

A mi em tenia encuriosida aquest personatge extravagant i vaig buscar la seva biografia. Sublim, com ho conta la Nadna. I totalment d'acord amb l'últim paràgraf del seu post.

I també d'acord amb l'Allau (escolti-la, senyoreta!!).

I que bó que continui.

Carlo Enric Gervasoni Vila ha dit...

Això resol el misteri del teu alter ego, del cert. Llàstima, però, que aquest món, jorn rere jorn, sigui pel cor i el peu menys verge.